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La cuestión de los derechos humanos en la región china de Tíbet irrumpió en la ceremonia de encendido de la llama olímpica de los Juegos de Beijing, en la ciudad griega de Olimpia.
Beijing llamó al mundo a rechazar cualquier campaña que vincule los Juegos Olímpicos con Tíbet u otra cuestión política, y mantenía cerrado el acceso a las regiones donde hace 14 días estallaron disturbios que, según los líderes tibetanos en el exilio, dejaron 130 muertos.
Este asunto volvió a un primer plano durante la ceremonia de encendido de la llama, en la ciudad donde nacieron las olimpíadas de la antigüedad -en el año 776 antes de Cristo- cuando tres miembros de Reporteros Sin Fronteras (RSF) perturbaron el discurso del responsable chino del Comité Organizador de los Juegos, Liu Qi.
Uno de ellos desplegó una banderola con el lema "Boicot al país que pisotea los derechos humanos" y otro gritó: "Libertad, Libertad" detrás de la tribuna oficial. La policía se dirigió rápidamente al podio y la televisión oficial griega pasó a enfocar otra imagen.
Después de la ceremonia, una decena de defensores de la causa tibetana, algunos embadurnados con pintura roja, se tendieron sobre una calle de Olimpia, coreando lemas hostiles al gobierno chino.
El gobierno griego condenó el incidente y el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, lamentó lo ocurrido.
"Pienso que siempre es triste cuando hay manifestaciones, pero éstas fueron no violentas y eso es lo más importante", afirmó Rogge, que previamente había afirmado que no veía ningún entusiasmo por parte de los gobiernos en boicotear las pruebas deportivas.
"Si el fuego olímpico es sagrado, los derechos humanos lo son aún más", replicó desde París la organización RSF, cuyo presidente Robert Menard figuraba entre los manifestantes de Olimpia.
Una ecologista tailandesa, Narisa Chakrabongse, rechazó llevar la llama, en solidaridad con la causa tibetana. "Quiero enviar un mensaje claro a China", de que "debe revisar con urgencia su política con Tíbet", explicó la mujer, presidenta de la Green World Foundation.
La antorcha debe entrar a China en mayo por el monte Everest y pasar en junio por Lhasa, la capital tibetana, escenario de las protestas más violentas de las últimas décadas en Tíbet.
Las manifestaciones comenzaron el 10 de marzo, coincidiendo con el aniversario del levantamiento fallido de 1959 contra la ocupación china, que forzó la partida a Dharamsala (norte de India) del Dalai Lama, líder espiritual del budismo tibetano.
El gobierno tibetano en el exilio afirmó que hubo 130 muertos, revisando al alza el balance de 99 anunciado la semana pasada.
Según el gobierno chino, el balance es de 19 víctimas fatales, todas ellas civiles "inocentes" que habrían muerto a manos de los manifestantes.
Las protestas se extendieron a otras provincias de China donde viven minorías tibetanas.
La represión desató una ola de críticas, rechazadas por las autoridades chinas, que prohibieron el acceso de periodistas extranjeros y observadores independientes a las zonas de las revueltas.
Beijing acusó en repetidas ocasiones al Dalai Lama de orquestar las revueltas con el objetivo de sabotear los Juegos Olímpicos.
Pedido internacional
La secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice llamó este lunes a China a dialogar con el Dalai Lama como parte de una "política más sostenible" de Beijing en el Tíbet, al cabo de una reunión en Washington con su par indio Pranab Kumar Mukherjee.
Por su parte, El presidente francés, Nicolas Sarkozy, envió a su homólogo chino Hu Jintao un mensaje en el que llama a "la moderación y al fin de la violencia mediante el diálogo en Tíbet", anunció el Palacio del Elíseo.
La agencia de noticias oficial China Nueva publicó este lunes un comentario que pide una oposición internacional a las campañas de boicot.
AFP