En la pantalla grande, realizó grandes proezas. Liberó al pueblo judío del yugo egipcio y lo condujo a través de las aguas divididas del Mar Rojo, enfrentó al Imperio Romano en su apogeo en una vibrante carrera de cuádrigas, organizó la rebelión ante una opresora civilización de simios, luchó a capa y espada en la Edad Media y hasta soportó el asedio de hormigas asesinas. Y todo lo hizo con la misma expresión solemne y con un inconfundible y afectado tono de voz, sin incorporar más que unos pocos matices a personajes tan profundos como Judah Ben Hur, Moisés o Rodrigo Díaz de Vivar.
Sin embargo, Charlton Heston, fallecido el pasado fin de semana a los 84 años, se erigió como uno de los íconos más importantes que generó alguna vez la industria del cine. De hecho, algunas de las escenas que protagonizó -mejor dicho inmortalizó- a lo largo de su vida, ocupan un lugar privilegiado en la historia. Dueño de una enérgica presencia frente las cámaras, trabajó a las órdenes de grandes directores como William Wyler (Ben Hur), Cecil B. De Mille (Los Diez Mandamientos) y hasta Orson Welles (Sed de mal), e intervino en las grandes superproducciones de su tiempo .
Pero también fue Heston una figura pública controvertida, con ideas conservadoras que muchas veces lo colocaron en el centro de la polémica, relacionadas por ejemplo con su accionar a favor del uso de armas de fuego. Esto se puede apreciar en el documental "Bowling for Columbine", donde Michael Moore indaga las causas de los altos índices de violencia en Estados Unidos, y le otorga una involuntaria intervención.
Con todo, el fallecimiento de Charlton Heston significa para Hollywood la extinción de uno de sus últimos mitos, parte esencial de una manera de concebir el cine cultivada sobre todo en los años 50' y 60', hoy ya desaparecida.