Señores directores: Mi nombre es Stefanía y asisto a un colegio estatal de mi ciudad, Santo Tomé. Tengo 14 años y estoy interesada y preocupada por todo lo que está pasando con respecto al éxtasis, el alcohol, las drogas, los boliches, etcétera. Lo único que quiero es darles el punto de vista de una adolescente que vive todo esto de cerca. Desde el mundo adulto es muy fácil hablar; por eso, me parece mucho más interesante que los adolescentes demos nuestra opinión.
Mucho de lo que cuentan es verdad, pero la otra parte no lo es. Sinceramente, me siento marginada, cuestionada por mi condición de adolescente. Se nos ve como personas sin rumbo, sin sueños, pero tenemos miles de sueños, sentimientos, ganas de probar, de disfrutar la vida...
Los adultos crecieron en otra época, pero las cosas no sólo cambiaron en la noche, "en la joda". Cambiaron en todos los aspectos: esa corrupción descarada, materialismo extremo, inseguridad. Esas cosas no existían antes y, si existían, no eran tan evidentes.
Los jóvenes somos un blanco fácil. En menos de un mes murieron tres adolescentes por tomar pastillas con alcohol. Es entonces cuando todos (no sólo los medios) comienzan a hablar, a buscar hipótesis, a meterse en la noche de la juventud buscando algo malo para contar. Yo me pregunto: ¿no se dan cuenta de que un chico de 14, 15, 16 ó 17 años es incapaz de fabricar una pastilla de éxtasis? ¿No les parece que somos incapaces siquiera de conseguir las sustancias para armar drogas? Las drogas son fabricadas y comercializadas por adultos, por los grandes, por los que después salen a criticarnos. Y ahí salta el tema del aborto: ¿no se dan cuenta que una adolescente no podría abortar si no fuera por un adulto? ¿O es que acaso somos capaces de saber cómo abortar?
Además, no todos los adolescentes somos iguales. Yo soy adolescente. Salgo a bailar con mis amigos, pago la entrada al boliche, entro, bailo, nos sacan fotos, miro el reloj, bailo un poco más, salgo del boliche, me busca mi remís y me voy a mi casa.
Cada uno puede elegir si toma o no, si baila o no, si compra éxtasis o no... Cada adolescente sabe lo que hace y los riesgos que corre. No somos idiotas.
Salimos a un mundo que no es el mejor, pero que lo sería si del lado de los padres y de las escuelas nos esperaran con los brazos abiertos. íDennos el ejemplo, para eso están! Si tiene que haber cambios, empiecen por cambiar los adultos, que tienen mayor poder para hacerlo. Que dejen de acusarnos. Que tenemos personalidad para decidir qué hacer y qué no. Que un chico consuma drogas no quiere decir que todos lo hagamos. íAprendan a escucharnos!
Stefanía Roberi - DNI: 37.713.914. Santo Tomé.