Darío Villar nació en Huanguelén ("un nombre mapuche, que significa, estrella o lucero del alba" , nos dice), un pueblo de la provincia de Buenos Aires, aunque ahora reside en la capital federal. En alguna época trabajó en la casa central del Banco de la Nación Argentina y hasta llegó a pasar por los claustros de la Universidad de Buenos Aires, incursionando en Filosofía y Letras y en la carrera de Sociología. Es escritor y acaba de publicar su primer libro, "Estación Malvinas", el cual motivó un encuentro en un bar de la Recoleta porteña.
- Empecé a escribir acompañado con el ocio durante la época en que vivía en Villa Gesell que, como es una ciudad turística, tiene dos meses fuertes y después viene todo un invierno donde hay muy poca actividad. Escribí primero poesías que sólo leía yo, o a lo sumo mi pareja de ese momento. Hasta que un día hice una bastante larga, que se llamaba "El viaje".
- ¿Sobre qué versaba?
- Era un viaje por la vida, sobre alguien que había sacado boleto de ida solamente.
- ¿Sólo pasaje de ida? ¿Cuál es la metáfora?
- Entiendo que la vida es un viaje, donde podemos mirar hacia atrás por la ventanilla, pero es sólo un viaje de ida que, por otra parte, no pedimos... Pues bien, a ese poema se lo di a leer a un crítico, y me dijo que se trataba más bien de un cuento. Fue entonces cuando empecé con ellos.
Al instalarse a vivir en Buenos Aires, Villar se vinculó con la Sade (Sociedad Argentina de Escritores), asistió a talleres literarios, continuó con sus cuentos. "Escribir es una tarea solitaria, donde de pronto ves que tenés una carpeta con muchos cuentos y no lo sabías", nos dice, a la vez que se define: "Sé que la literatura es una cosa viva, y lo que uno escribe siempre es producto del momento histórico, distintos enfoques de ese momento. Por eso fue un gran alivio para mí el día que edité `Estación Malvinas".
Villar reconoce que ese juego entre el pasado y presente que se advierte en los relatos incluidos en ese libro puede ser una influencia borgeana. "Borges decía que no existen los tiempos. No sé si soy exagerado, pero soy casi un estudioso de Borges. Con una amiga nos reunimos todas las semanas a leerlo; casualmente, ella me mandó hace poco una poesía de él que se titula `Nostalgias del presente'. Y yo coincido con Borges en que todo es un todo. Y mis cuentos tienen flashback y yo juego con eso".
En la trama del cuento "Estación Malvinas", la parte más dramática, más delirante, es un viaje en subte, que desemboca nada menos que en Plaza de Mayo, centro alegórico y final de muchos viajes. En este país, los hechos históricos -por algún motivo- empiezan y terminan en Plaza de Mayo, como sucedió en el 2001. Lo bueno de la literatura es que quien lee puede ser también autor o coautor, porque le da la mirada que le plazca, la que él siente.
"Lo mío es un cuento, es ficción, no es un ensayo histórico. Hay una connotación palpable y real; el cuento fantástico tiene que nacer de una base real y después volar. Quien escribe cuentos es porque encuentra una manera de expresarse a través de un relato corto -señala Villar-. Cortázar comparaba al cuento y la novela con una pelea de box. Él decía que un cuento es una pelea que se gana por nocaut, es algo fulminante. En cambio la novela es una pelea donde hay un ganador por puntos, al cabo de 10 rounds. Para mi gusto, el cuento tiene que ser contundente, que golpee de entrada, aunque también hay otros más lights, que no por eso dejan de ser buenos".
Darío Villar piensa, como Cortázar, que quien escribe cuentos comienza a escribirlos primero en su cabeza, con una idea, y hasta que no encuentra la resolución de su trama no está tranquilo. Pero todo se inicia y desarrolla en su cabeza; cuando llega al papel el cuento ya está resuelto.
"La novela, en cambio, tiene una estructura distinta -diferencia-. Puede haber en ella un personaje que se dispara solo, que tiene su vuelo o que toma una importancia que uno no pensó. Además, la novela tiene la libertad de explayarse, siempre con un hilo conductor. El cuento es más acotado. Por cierto, la escritura tiene cosas autorreferenciales del autor, quien hasta puede reencarnarse en su personaje".
El escritor recuerda que en su adolescencia leyó mucho a Hermann Hesse, aunque también le interesaban los temas históricos y políticos. "Ahora la política me interesa menos, sólo como un observador, porque tanto ella como los políticos se van adaptando a los tiempos, como una historia más. Me apasiona mucho todo lo relacionado con la Guerra Civil española, y la historia de España en general, quizá porque mi padre era gallego".
Darío Villar cuenta que en la escuela secundaria siempre andaba bien en Literatura e Historia. "Y en esos años Hesse estaba de moda, pero de entrada lo que estaba impuesto era Don Quijote, un gran libro que encierra grandes cosas, a pesar de que Cervantes quiso hacer un libro más de caballería".
Con una singular sinceridad, nos revela que la literatura es también un gran refugio. "Yo creo que el hombre busca siempre un refugio y escribir lo es; se escribe sobre lo que se leyó y, fundamentalmente, sobre lo que se vivió".
De los escritores argentinos actuales valora a José Pablo Feinmann, al que considera un referente de los últimos 30 o 40 años. "Nadie como él interpreta la realidad política y social del país, él es un peronista crítico. Y dentro de ese mismo género también me atrae Tomás Eloy Martínez, al que el peronismo le dio argumentos para escribir. Él dice que es la única manera de interpretarlo proféticamente. Leí también bastante a Enrique Medina, a Jorge Asís, que empezó a escribir sobre temas que nunca se escribían, como los barrabravas, la marginalidad de la gran urbe. En los '70 fue el primero en hacer conocer su voz sobre los antihéroes, los marginales".
A la vez que reconoce que, al margen de los cuentos, tiene en elaboración algo que puede terminar siendo una novela, Darío Villar admite que hoy está disfrutando de la escritura, ya que en ella encontró su rol. "Aunque no me da de comer -aclara-, para mí es un gran mar donde uno puede nadar en la fantasía".
textos de Graciela Daneri