"Aprendiendo a decir lo que no tiene nombre. Así andamos...", cuenta Claudio Chiuchquievich desde las páginas de su segundo libro de polaroids llamado "Vulgaridades". Una serie de textos escritos para ser oídos: esto es, pensamientos del autor que disparan y contagian reflexiones sobre el ser y estar en el aquí y ahora.
"Las polaroids son pedazos de uno -define Chiuchquievich-. Intentos por conseguir que el sonido se transforme en un espacio. Que no caiga en el olvido. Que algo se quede en vos. Por eso, deseo que estos textos te sirvan para escucharte".
Este segundo libro -publicado por Ciudad Gótica- continúa la serie que comenzara en el año 2005 con "Ensayos acorazados" y que aún no está cerrada. Será presentado el próximo jueves 17 de abril, a las 21, en el auditorio de ATE (San Luis 2154), que se transformará en una mezcla de estudio de radio y tablado, para cobijar la palabra en sus múltiples matices, imágenes y música en vivo. Es que Claudio Chiuchquievich se vale de esos lenguajes para sacudir al escucha con sus polaroids, compartidos desde su programa radial "Demasiado tarde para nada" (lunes a viernes, de 13 a 15, por FM 91.9 Radio de Noticias) o desde las lecturas compartidas en aquel espacio cultural que tuvo Santa Fe llamado Casaárbol.
"La palabra ayuda al cuerpo a aprender a decir. ¿Cómo contar, entonces, lo que todavía no ha sido dicho, y constituyen hechos? -se pregunta el autor-. La disciplina allí es necesaria. La creación, un instinto. El método, una práctica que se edifica con la constante apropiación de las inconstancias que asumimos como abismos.
La libertad, un umbral; transitarlo, una elección.
La recompensa: el propio respeto.
Ese placer del cual pretenden hacernos olvidar; la acción es su sino.
Ése es el desafío".
Más allá de los deportivos, Claudio Chiuchquievich nunca obtuvo títulos, pero -dicen- los pone en juego desde la práctica constante de escribiente de todo lo que demanda el oficio de hacer radio. Así surgen estos textos, que dan cuenta de aquellos pasos que asumen la forma que el deseo encuentra con lo cotidiano.
Y de cómo ese recorte personal y subjetivo que responde a intereses de grupo, de algún hecho referenciable y no necesariamente comprobable de ese ente inabarcable que es la realidad, y a la que hoy se denomina "noticia", disparan y moldean estas polaroids, que son la apropiación -necesariamente deformante- de los géneros periodístico-literarios que el autor se empecina en maltratar.
Buceador de historias, dramaturgo inédito, guionista incipiente, narrador compulsivo, poeta insolente, actor de lo dicho, cronista de lo vivo, estudios todos primarios que nos acercan a lo cierto desconocido, exponiendo lo evidente: lo que no debe ser dicho.
Hace ocho años los pone en práctica en los programas radiales que supo crear: "Lobos de ciudad", "Cordura de locos", "Con la camiseta puesta" y el todavía vigente "Demasiado tarde para nada".
En el año 2005 publicó su primer libro, "Ensayos acorazados" (dentro de la Colección de La Abadía), que continúa con estas "Vulgaridades". La mayoría de los textos que integran esta edición fueron compartidos en algunos de los 23 viernes del ciclo "Ficcionantes Realidadores" que cobijara el espacio cultural Casaárbol entre julio de 2006 y enero de 2007. Otros, todavía buscan su tiempo. Aquí, uno de ellos:
"Creo en las individualidades que se potencian junto a otros con el deseo de crear proyectos que contengan voluntades, que se reúnen para seguir intentando crecer.
La diversidad nos enfrenta al desafío de superación,
nos coloca ante la posibilidades de la integración,
nos introduce a la violencia de la selección,
nos expone a la realidad indiscutible de la propia limitación,
nos sitúa ante el riesgo de la exposición,
nos aventura al sinceramiento de las hipocresías,
nos demuestra la potencia de la heterodoxia,
nos enfrenta a la audacia de la creación,
nos somete a la realidad de la síntesis,
nos enrostra la animal humanidad de la imperfección.
Hace años (parecieran siglos) que asistimos a esfuerzos quijotescos desperdigados, luchando por entregar a los habitantes de esta ciudad, intentos estéticos que merecen una suerte mejor.
Algunos errores -debemos aceptarlo- hemos cometido para que tantos y tan desmesurados talentos no puedan hacer de su arte, una herramienta que modifique esta realidad que nos pesa, nos duele y aplasta.
Es tiempo de encontrar formas que nos permitan revertir tanta angustia en propuesta.
No son días en los que podamos darnos el lujo de describir (tan sólo) esto que conocemos y aprendimos con nuestros cuerpos.
Es hora de hacernos cargo de un intento superador que libere tanta potencia y permita que la belleza que cada uno de nosotros sabe compartir, encuentre una forma que nos incluya y nos devuelva la alegría de sentirnos vivos.
Ya no hay margen para reposar en el letargo.
Rompamos los cercos con los que los carceleros de la ignorancia insultan nuestra sensibilidad y ofenden nuestra inteligencia.
Hagamos algo que nos provoque orgullo.
Respetémonos. Nadie lo va a hacer por nosotros.
Y recuperemos la alegría de compartir el talento con nuestra gente, a la que tanto le han "bastardeado" los valores de la belleza.
Transformemos lo que está a nuestro alcance.
Traccionemos. Contagiemos verdades. Sacudamos esencias.
Animémonos a un nosotros.
Rompamos con tanta injusticia, miedo e indignidad.
Hagamos real este deseo. Seamos. Nadie nos lo puede negar.
Que el lodazal de la mediocridad jamás podrá justificar ningún renuncio.
Se trata de aprender a hacerlo posible:
el más bello desafío".
"Invitados están a ser parte de este ritual: un espacio de encuentro elegido para dejar aflorar sentimientos, ideas, valores, estéticas...y permitir que resurja en nosotros la adormilada sensibilidad y el deseo de que las voluntades se mixen para que el guiso espeso que se cuece, (alguna vez) huela al plato que nos puede.
Los rituales, capricho de los hombres desafiando al tiempo -cronología vana de medidas regulares o fuerza incontrastable del existir-, logrando repartir las barajas, donde el pasado encuentra cómo plasmar su presente en un sortilegio del devenir.
Las almas y los cuerpos que, como crenchas dilapidadas del esperpento acudan a la cita, serán bienvenidas.
No es necesario creer en nada; sólo no permitimos dudar de eso que sentimos".
textos de revista Nosotros