Los mayores de 65 años y los bebés de entre 6 meses y 2 años conforman dos de los principales grupos de riesgo de contagio de gripe durante los meses de otoño e invierno. Esta condición implica que para evitar la propagación del virus y disminuir la tasa de internación, que en nuestro país alcanza las 20 mil anuales, tanto unos como otros deberían recibir la vacuna antigripal.
No obstante, no son los únicos, dado que aquellos que padecen enfermedades crónicas cardiovasculares pero también pulmonares, metabólicas, hepáticas o renales deben recibir la vacuna. Otros grupos a considerar están conformados por las personas que trabajan en establecimientos de salud, las mujeres embarazadas, los inmunocomprometidos (afectados por el HIV o en tratamientos de quimioterapia), y las personas susceptibles de sufrir complicaciones como consecuencia del desarrollo de un cuadro gripal.
Uno de los grupos de riesgo lo conforman los mayores de 65 años. La gripe o influenza es una condición típica de la temporada de otoño-invierno (que comenzó el 21 de marzo), que suele aparecer súbitamente y cuyos síntomas principales son la fiebre, la tos, el cansancio o decaimiento y los dolores musculares y de cabeza.
Según los datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el desarrollo y la propagación de esta enfermedad provocan entre 250 y 500 mil muertes por año.
Si bien el 90 por ciento de los casos podrían prevenirse mediante la aplicación de la vacuna -una herramienta que en nuestro país el sistema de salud proporciona en forma gratuita, por ejemplo, para las personas mayores de 65 años-, lo cierto es que actualmente sólo un tercio de los integrantes de grupos de riesgo se vacuna.
Con respecto a la importancia de la vacunación, el doctor Eduardo López, jefe a cargo del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y asesor médico de la Fundación Argentina de Infectología Pediátrica (FAIP), señaló que "La inmunización es la medida más eficaz para prevenir la gripe, aunque lamentablemente la tasa de vacunación continúa siendo baja, menor que la deseable".
En la misma línea, el doctor Daniel Stamboulian, médico infectólogo, presidente de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (FUNCEI), postuló: "Es necesario informar que también pueden vacunarse todos aquellos que, aun sin pertenecer a los sectores más expuestos a las complicaciones de la enfermedad, prefieran pasar el invierno sin el riesgo del ausentismo laboral o escolar y las molestias que les puede generar una gripe".
La gripe es causada por un virus que tiene la capacidad de mutar constantemente, condición que genera que las cepas circulantes cada nuevo invierno sean diferentes. Es por eso que las vacunas son específicamente desarrolladas cada año y su utilidad o validez varía de hemisferio a hemisferio.
"Hay que vacunarse todos los años porque los virus son cambiantes: no sólo mutan las cepas, sino que además, de una región a la otra, de un hemisferio al otro, el tipo de virus que aparece cada año es diferente. En la Argentina, las vacunas se preparan cada nueva temporada otoño-invierno en base a dos parámetros: por un lado, los antecedentes del invierno anterior (que se obtienen de análisis realizados en diferentes centros y coordinados en el Instituto Malbrán), y por el otro las directivas y recomendaciones que la OMS realiza sobre la base de esa información que se le envía. Generalmente, se desarrolla cada año una composición para el hemisferio norte y otra para el sur", explicó la doctora María Marta Contrini, médica del servicio de Infectología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
En cuanto a los tiempos, la especialista destacó que "el momento para vacunarse es el comienzo del otoño, época en la que comienza a circular el virus.
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