arte: ARTE-02 Jazz escrito
Por Francisco Bitar

"Be-Bop", de Christian Gailly. Interzona, Buenos Aires, 2007.

En un texto de 1967 llamado "La cosa", Georges Perec discurre sobre la forma en que el jazz se inscribe dentro de la problemática general de las artes contemporáneas: igual que en la literatura, dice Perec, coacción y libertad definen los dos ejes de su sistema estético.

Coacción: son las partes en que está estructurada la canción; por lo general el standar de jazz presenta la progresión clásica: A-B-A-B-C-A, es decir, estrofa-estribillo-estrofa-estribillo-puente-estrofa.

Libertad: la improvisación.

Otros dos códigos regulan la relación entre el tema y la improvisación: la coacción rítmica (el tempo) y la coacción armónica (la trama). Digamos que la improvisación está atravesada por los códigos pero puede también faltar a uno, al otro o a ambos: en el primer caso por medio de la aceleración o el relente; en el segundo por atonía.

Este esquema, por básico que parezca, puede ayudar a leer gran parte de la literatura contemporánea: el poema de Allen Ginsberg "Aullido" (el ejemplo acaso más obvio y a la vez el más popular monumento al be bop en poesía), luego de una estrofa introductoria donde se presenta el tema ("las mejores mentes de mi generación"), está estructurado por una anáfora (quienes) que califica una y otra vez esas mentes. La lengua inaudita y quemante de Perlongher está contenida en el poema Cadáveres por el ritornello: "Hay cadáveres". Entre las apariciones de los elementos estructurantes, los poetas despliegan, con timbre propio, su improvisación. Estos dos poemas son paradigmas de la poesía moderna, poemas vacíos al máximo de mecanismos que aseguren por convención la eficacia de cada texto: vacíos al máximo de retórica. Sin embargo, sin los elementos retóricos que ambos textos ponen en juego -la anáfora y el ritornello- ninguno de los dos hubiese sido posible.

En narrativa la coacción del texto está definida por las acciones. Guillermo Piro describe la trama de "Be-bop" de Christian Gailly de esta manera: "Basile Lorettu, saxofonista, necesita encontrar un trabajo cualquiera para sobrevivir. Lo encuentra en una empresa de saneamiento. Uno de sus primeros clientes resulta ser Paul, que alquiló junto a su esposa una casa en lago Ginebra. Hablan de jazz. Paul va a oír tocar a Basile en un monasterio y le confiesa que en una época él también tocaba. Basile lo hace subir al escenario para que toque junto con él. Fin". Entre una y otra acción, Christian Gailly - quien antes de convertirse en escritor profesional fue saxofonista profesional -improvisa con maestría. La escritura de Gailly alcanza sus puntos máximos al acompasarse con el solo de alguno de sus personajes: en la apertura de la novela, cuando Lorettu toca con la cortina en la boca del saxo para no molestar al vecino, en el recital en que termina tocando solo porque el resto del cuarteto no puede seguirlo, en el solo de Paul del magnífico final en el monasterio, es como si alguna palabra del relato cabeceara diciendo" esta es tu parte, colate en la próxima vuelta" y la escritura entrara a tientas sobre el fondo de la acción, se inflara, creciera acelerándose y dejara detrás de sí la estela de una resonancia y en conjunto el fuerte deseo de, como lectores, salir a bailar.