Opinión: OPIN-03
Al margen de la crónica
El diálogo que nos debemos

Entre las tantas paradojas que caracterizan al mundo actual, hay una que está fuertemente vinculada con uno de los aspectos elementales que definen a la condición humana: la posibilidad de comunicarse. Pese a que los dispositivos tecnológicos y las opciones de acceso a la información registraron en las últimas décadas avances sorprendentes y "aparentemente" integradores, es igualmente cierto que la comunicación, comprendida en su acepción más esencial, no ha registrado un adelanto acorde a esa circunstancia. Y en esta simple incongruencia, puede adivinarse el origen de muchas de las problemáticas a las que se encuentran sometidas las sociedades actuales, y la argentina en particular.

Tal vez, en una primera -y algo apresurada- lectura, ese razonamiento puede resultar pueril; pero antes de buscar soluciones mesiánicas o complicadas a los dramas vigentes, no estaría errado apelar a un procedimiento mucho más simple, como entablar un diálogo franco y equilibrado, donde la comunicación, entendida como "hacer partícipe" al otro, se produzca en forma adecuada.

Muchas veces, si nos disponemos a contemplar las cosas que nos pasan en nuestra vida cotidiana desde una posición despojada de prejuicios, tal vez alcanzaríamos a comprobar que una buena parte de los conflictos que hoy fragmentan a la comunidad, tienen que ver básicamente con la imposibilidad, precisamente, de entablar un diálogo con las características mencionadas, ya sea producto del desconocimiento, la soberbia, la mala fe o de posibles intereses creados.

Pero, a pesar de los innegables esfuerzos que el proceso mismo conlleva, es cierto que nos debemos hoy una instancia para intentar recuperar el diálogo. O al menos una de sus nociones medulares: escuchar lo que el otro tiene para decir.