éltimamente, ante cualquier problemática social se argumenta que se debe a la falta de educación. A través de estas tres palabras -falta de educación- se explica por qué los conductores no respetan los semáforos ni las sendas peatonales, por qué muchas personas tiran la basura en la calle, por qué ya nadie cede el asiento en el colectivo, por qué muchos conducen vehículos aún habiendo bebido más de lo permitido, por qué otros estacionan donde no deben, por qué los padres permiten que sus hijos adolescentes vayan a bailar a boliches prohibidos para menores de 18 años... en fin, la lista podría continuar unos cuantos renglones más.
Y es que el verbo educar, además de su acepción más conocida de "desarrollar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven", significa también según la Real Academia Española, "enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía".
En este sentido, la educación se convierte en una tarea política. Ya desde la época de Aristóteles el hombre es definido como "un animal político" y es que, en tanto integrantes de una sociedad, ésa es nuestra condición. Sin embargo, es importante recordar que la educación no sólo corre por cuenta de la familia y la escuela, sino también de todas las instituciones y actores sociales: los medios, las organizaciones no gubernamentales, las empresas, los partidos políticos y el Estado también son responsables de enseñar a respetar las pautas de convivencia, con su ejemplo y modo de actuar. Sólo cuando comprendamos esto, podremos comenzar a vivenciar cambios en el seno de nuestra sociedad, aquejada por la falta de educación.