Señores directores: A mis compañeros de trabajo de la escuela N´ 821 Raimundo Juan Peña, en el período 1991 a 2006, a mis queridos alumnos y ex alumnos, a los entrañables padres, a todos los que aún perduran en mi querida escuela y a los que ya no están allí. Para todos ellos, y como afectuosa retribución a aquella maravillosa carta de despedida publicada por este prestigioso diario el 12 de enero ppdo., les dejo este poema de José Pedroni que resume todo lo que quisiera decirles: Canto del compañero de ruta. / Dejadme marchar con vosotros, / poetas surgidos del pueblo, / dejadme ser vuestro compañero de ruta / en mi último tramo. // No quiero quedarme olvidado / en el mundo viejo. / Quiero marchar con aquellos que entonan los cantos nuevos de los tiempos nuevos. // Lleno de ramas muertas está el árbol / del mundo viejo. / Ya se lo ve caer en el ocaso; / El viento es fuerte y fresco. // Los poetas están en el camino. / Hay quienes salen a mirarlos en el día. / Hay quienes mira y no ve, hay quien no oye / el canto mensajero. / Y hay quien se hace a la calle / para alcanzar el trueno / Yo soy uno de éstos: / Mi puerta está abierta / íDejadme ir con vosotros, / compañeros!
Con profundo afecto y emocionado recuerdo.
Norma Pérez de Ferreccio - Ex directora escuela N´ 821 Raimundo J. Peña.
Señores directores: En una columna que publica un matutino de Capital los domingos, el periodista Marcelo Moreno hacía referencia a una bella historia entre un austríaco y una francesa que se amaron por espacio de 58 años y decidieron hace unos meses morir como habían vivido: juntos. Él logró sobrevivir al nazismo, renunciando a su nacionalidad y hasta a su lengua. Ella, Dorine, él, André (antes Gerard) Gorz quien además de periodista y filósofo, no dudó en dejar todo por cuidar a su mujer, cuando comenzó a padecer una enfermedad degenerativa. Famosas las cartas dedicadas a su Dorine... y autor de una frase, tal vez una de las más bellas para proclamar sus sentimientos: "Seremos lo que hagamos juntos". Él, austríaco de nacimiento, francés por adopción. Por otro lado, conocimos a Josef Fritlz, de la misma nacionalidad, quien nos ensombreció el alma, con quien se terminan los adjetivos para calificar lo incalificable; ¿cómo llamarlo? ¿inhumano?: sería peyorativo para los seres humanos. ¿animal?: obviamente que no se lo puede comparar con ellos. ¿Vegetal? ¿Mineral?, ¿acaso un : no-hombre? Sí, también un enfermo. Comparando roguemos que este último sea solamente un desvío, una muesca, un delirio de la condición humana.
En una vereda Josef Fritlz en patética sunga, pervertido y pervertidor; en la otra la historia inacabable de dos seres que se amaron tanto, de quienes no sabemos si han tenido hijos... Josef Fritlz tuvo siete. Y también tuvo nietos. Mientras que con los amantes dibujamos imaginariamente un corazón con sus nombres enlazados, horrorizados comprobamos que Fritzl borró el conector y trastocó a sus hijos... en nietos. Si las pruebas no fueran tan contundentes pensaríamos que esta historia es (in)-creíble. No neguemos ésta (como en parte lo hizo la sociedad donde vivía) pero pensemos que hay más Dorines y más Andrés que prefieren morir de amor a vivir separados.
Graciela Manattini - LC Nº 5.765.252