Opinión: OPIN-06
Llegan Cartas
El fin de la educación

Señores directores: El fin de la educación en la Argentina ha llegado. Lo que se prometió se cumplió al pie de la letra. Nada fue casualidad. Comenzó hace treinta años. La Argentina culta y luz de Sudamérica se apagó. Estamos en involución y, al decir de un periodista extranjero, en "descivilización", término grave, si lo hay. Por estos días, no sólo se aprueban alumnos que deben reprobar (esto, por exigencia ministerial), sino que tampoco se puede exigir nada que el alumno no desee.

La adhesión a tratados internacionales, a espaldas de la ciudadanía, es otra de las causas de este disloque. Una maestra, por tal derecho del niño, se encuentra imposibilitada de revisar una mochila, porque el tratado lo considera una vulneración a su derecho de intimidad, aunque de un arma se trate, y con la cual pueda matar a un compañero, como ya hemos visto. Este tratado protege al niño agresor y deja librado a su suerte al niño agredido y víctima.

El fin que se persigue es, en primer lugar, debilitar a la nación económicamente, endeudándola y, así, imponer condiciones en todos los niveles. Luego, confundirla, embruteciendo a su población para que no sepa discernir y, de esta manera, anularle fácilmente los valores de nacionalidad, patria y los cristianos, pilar ético en que se basaron la fundación y el desarrollo de la Argentina. A caballo de un relativismo infame, y sin tanta sutileza, a nuestros educandos se les muestra que es lo mismo la Biblia que un calefón.

La Argentina es un país cristiano, les guste o no les guste, y es perfectamente lícito y adecuado que en las paredes de nuestras aulas esté la demostración de nuestra fe. No olvidar: en un país que se tilde de democrático, debe prevalecer la idiosincrasia de la mayoría. Somos católicos en la inmensa mayoría y ninguna administración política debe olvidarlo. La familia, la escuela y nuestra fe deben ser las encargadas de transmitir los valores y el modelo. Hoy los transmite el mercado.

Ya con su educación abolida y las interrelaciones subvertidas, pienso que deberían los docentes hoy convocar (con apoyo de los padres y la ciudadanía en general) a un paro nacional, no ya por aumentos de salarios, sino para exigir al gobierno los deje educar como se debe, como antes fue, con una maestra que, además de educadora, sea una madre en cuanto a cariño y autoridad.

La realidad marca que, en un centro educacional, la mayoría son alumnos que provienen de buena crianza, cumplen y estudian normalmente, pero una minoría de inadaptados de la peor calaña y vicios atemoriza al resto. El ministerio exige que se los mantenga dentro del establecimiento, es decir, al lobo con las ovejas, cuando lo correcto sería enviarlos a un reformatorio para que no contaminen. énanse las familias porque nos están llevando por delante. Exijan pacíficamente, pero con firmeza. Quizá se consiga detener esta desgracia.

Juan C. Correu - DNI: 7.912.000.