Luis Rodrigo
Ante un auditorio compuesto sobre todo de jóvenes universitarios, el Dr. Walter Legnani, secretario de Ciencia y Tecnología de la Universidad Tecnológica Nacional, advirtió que muchas veces los medios de comunicación prefieren consultar a militantes ambientalistas, en lugar de técnicos expertos, cuando de hablar de energías alternativas se trata.
Advirtió que pululan "opinólogos" que -aun si quererlo- provocan confusiones que hasta llegan a esferas de gobierno, donde se toman las decisiones; o a la gente, en cuyo seno se construyen los consensos (y los márgenes) para adoptar aquellas decisiones.
El Dr. Legnani, estuvo en Santa Fe en la Jornada de Energía y su Perspectiva, que organizó la Facultad Regional Santa Fe de la Universidad Tecnológica Nacional. Le dijo a El Litoral que existen mitos sobre las energías alternativas, y que lamentablemente muchas veces, la prensa es culpable de consagrarlos.
"Mucha desinformación, muchos opinólogos" y la comodidad de los periodistas de consultar a quienes se presentan como ambientalistas (y tienen una alta disposición a la entrevista), parece ser el orden de los factores que altera el producto.
"Hay que aclarar que muchos ambientalistas y miembros de organizaciones no gubernamentales también están muy bien asesorados pero otros no, y provocan daños a lo que quieren defender", expresa.
La energía nuclear sigue en la consideración pública muy desacreditada y, es, sin embargo, una alternativa para la producción de electricidad que en el mundo desarrollado no retrocede. No contamina pero tiene muy mala prensa.
"El accidente nuclear de 1986 en Chernobyl (Ucrania) ha dañado muy seriamente su credibilidad, pero debe advertirse que lo que ocurrió allá está muy lejos de poder repetirse con nuestros reactores nucleares. Todos tienen una tecnología absolutamente distinta y son muy seguros. De hecho yo (o algún miembro de mi familia) no tendría problemas de dormir durante un año junto a alguno de los reactores, porque estoy seguro que no se corre ningún riesgo. Nuestros reactores en caso de entrar en algún estado crítico se apagan, el de Chernobil en cambio explotó. Y esa posibilidad para nosotros no es remota, sino que es infinitamente remota. Mi formación es la de la física y me inicié con la física nuclear, estoy convencido de que ésta es la única salida razonable para el país y que es sostenible en el largo plazo", dijo el experto que se doctoró en la UBA e hizo un post-doctorado en la Universidad de Cambridge.
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La idea de reemplazar al petróleo con derivados de los cultivos que hasta ahora eran la base de la alimentación de la población es, como se verá, poco menos que descabellada, si se tiene en cuenta lo que señala Legnani: "Si uno convirtiese toda la superficie sembrada del planeta en biocombusitbles esto alcanzaría para cubrir apenas un tercio de la demanda mundial", que actualmente consume combustibles derivados del petróleo.
"Puede ser muy interesante el desarrollo de los biocombustilbles pero hoy no es una solución. El otro problema grave que tiene aparejado es que como resultado de su combustión se produce una mayor cantidad de NOX (oxídos de nitrógeno) son gases que cuando entran en la estratosfera reacciona con el oxígeno y disminuyen la cantidad de ozono (en lo que se llama el ciclo de Chapmann) y disminuyen la capa de ozono. Los biocombustibles son grandes consumidores de la capa de ozono.
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El combustible que menos contamina "podría ser el hidrógeno". Y el uso del potencial no es gratuito: presenta el problema de su almacenamiento y producción. Y además "da miedo: se quema sin llama y tiene una velocidad de reacción extremadamente rápida y como la molécula de hidrógeno es muy chiquita y se escapa por cualquier intersticio. Pensar en cargar el tanque del auto con hidrógeno es por ahora muy difícil", dice el experto al derrumbar otra fantasía.
"Las experiencias más importantes en nuestro país las estamos haciendo en la Universidad Tecnológica: se investiga la mezcla de GNC con hidrógeno. Eso prolongaría las reservas de gas en unos 15 años pero hay por ahora un montón de problemas técnicos, porque el hidrógeno fragiliza los blocs de los motores", comenta.
La solución entre aquella ventaja y este problema es la base de un proyecto que tienen la Comisión de Energía Atómica, a través de su Instituto de Desarrollo Sustentable, la Universidad Nacional de Buenos Aires y la Facultad Regional Buenos Aires de la UTN.
Otra alternativa en la que se trabaja en la Argentina con el hidrógeno, es en su producción a partir de la energía eólica. Y aquí el problema no es almacenarlo sino producir pilas de hidrógeno, con sus celdas de combustible, para poder generar electricidad. Es una posibilidad y hay varios grupos que se encargan de eso.
Otra fuente alternativa de energía que no contamina y tiene futuro es la térmica-solar, es decir aprovechar el calor del Sol, tanto para calentar agua como para cocinar con hornos solares (o poner en marcha motores térmicos). Eso se está haciendo: "Es una alternativa promisoria y la ecuación económica da. Y también la ecuación tecnológica, es decir, cuánta energía gasto para producir esos equipos y cuánto beneficio obtengo".
En cambio, "es un mito que la producción de energía fotovoltaica sea una alternativa ambiental: obtener electricidad a partir del sol no tiene una ecuación económica ni tecnológica que cierre. Construir un panel solar consume más energía que toda la que dará el panel a lo largo de toda su vida útil. Y su eficiencia en el mejor de los casos llega apenas al 20 % . Sí, puede ser muy útil para gente muy aislada, para un satélite de comunicaciones, sólo cuando no es posible llegar con un cable".
"La energía térmica-solar sí funciona. Europa está muy avanzada en esto. Para calentar agua, para calefacción y hasta para refrigeración, esto da muy buen resultado. Los hornos solares son otra excelente aplicación, sobre todo en el norte argentino que tiene muy buena insolación y allí los resultados son muy promisorios", destaca.
Cuando se le recuerda al Dr. Walter Legnani, secretario de Ciencia y Tecnología de la UTN, que desde la década del 90 el sector nuclear argentino quedó desde entonces estancado, advierte que hoy más le preocupa otro problema, al que incluso considera "desesperante": la pérdida de recursos humanos.
"La mayoría del personal de los reactores nucleares ha envejecido, los años pasaron y mucha gente que estaba en el sector se cansó y se fue del país. Estaba cansada de no contar con condiciones de trabajo previsibles y nosotros que teníamos equipos de primer nivel, que eran consultados a nivel mundial, hoy ya no los tenemos... "En la década del "80, los alemanes nos venían a consultar a nosotros. Pero mucha gente se fue, mucha envejeció y se ha jubilado y hoy el promedio de edad en la Comisión Nacional de Energía Atómica está en los 50 y pico de años. Esto nos ha desprovisto de una dotación humana muy seria para todo el sector nuclear. Hemos perdido, por ejemplo, técnicos en soldaduras, no de los que hacen soldadura gruesa, sino especializada y si hoy los necesitamos para una central no los tenemos más".
"Perdimos especialistas en control, de todos los cuadros técnicos que había, muy bien formados, han quedado muy poquitas personas, y que generalmente tienen otra ocupación porque trabajan part time. Siempre digo lo mismo y esto lo uso como filosofía en mi trabajo en la Universidad: a un equipo, a un elemento de trabajo, en diez días, a más tardar un mes se lo compra, un recurso humano lleva años formarlo. Y lo que ha perdido la Argentina durante muchos años fueron recursos humanos. Más allá de todo el plan energético estratégico que hace falta, es necesario formar ya recursos humanos. Ahí la Universidad tiene una función fundamental".
"La finalización de los emprendimientos nucleares, por ejemplo, hoy podría acelerarse si tuviésemos la capacidad humana de hace veinte años... Pero ya no la tenemos".
Elogios
El secretario de Ciencia y Tecnología de la Universidad Tecnológica Nacional, Walter Legnani, fue muy elogioso con el trabajo de la Facultad Regional Santa Fe de la UTN sobre energía. En su discurso y al hablar con El Litoral, señaló que los investigadores locales son consultados por pares de la Argentina e incluso a nivel latinoamericano. Subrayó la existencia de grupos dedicados a esa especialidad y de otros proyectos homologados en la Universidad, de alto valor académico y práctico, con fuerte inserción en el medio.