Opinión: OPIN-03
Al margen de la crónica
Sobre los trenes y el progreso

Hay una secuencia de la película de Sergio Leone, "Érase una vez en el Oeste", precisamente al final de aquella cinta de 1968, que es brillante por lo mucho que logra sugerir el director en pocos minutos. La escena es, más o menos, así: tras el duelo final, el cowboy encarnado por Charles Bronson, monta su caballo y se marcha con rumbo desconocido. Mientras se aleja, y con los inolvidables acordes de Ennio Morricone como fondo, la cámara va descubriendo una gran cantidad de obreros que avanzan en el tendido de unas vías en un paisaje desolado, mientras que a su alrededor otro grupo se ocupa de organizar un pueblo. Lo que el director intenta mostrar es la llegada del progreso, que se presenta bajo la forma del tren.

En la Argentina, entre finales del siglo XIX y principios del XX, ocurrió algo parecido a aquello que mostró el director italiano. El tendido de miles de kilómetros de vías, generó mano de obra, forjó nuevos pueblos que lograron integrarse al concierto nacional y dio una dinámica importante a los procesos productivos del interior.

Un siglo después, cuando gran parte de los ramales del ferrocarril fueron levantados, muchas pequeñas localidades vieron cómo aquella idea de progreso de la que fueron protagonistas quedaba interrumpida, mientras un progresivo aislamiento se iba apoderando de las poblaciones, que se quedaron sin su principal medio de comunicación con el resto del país. En nuestra provincia, es el caso de Naré, Villa Saralegui, Ñanducita, Campo Andino y otras.

Situaciones de este tipo se replican en otros puntos del país, y podrían ser revertidas fácilmente con una política clara de la Nación dirigida a la rehabilitación de ramales, la refacción de las vías y la mejora de los trenes comunes de carga y de pasajeros. Y todo eso es posible.