Gastón Neffen y Juan Manuel Fernández (enviados especiales)
El campo de los mellizos Centis están en el medio de los Bajos Submeridionales, a diez kilómetros de Fortín Charrúa. Son 1.200 hectáreas en las que los esteros están secos, los canales vacíos y los espartillos amarillos y duros.
Campolitoral hace la pregunta del millón. ¿Cuánto llovió este año? Ernesto "Vitrola" Centis mira el almanaque y contesta. "En enero y febrero no llovió. En marzo tuvimos 50 milímetros, en abril 10 y después no cayó una gota de agua más", precisa.
Su tío José María Centis explica que necesitan mucha más agua, aquí el promedio es de 700 milímetros anuales, para que aguanten los 700 animales que pastan entre los tacurús y los espartillos.
Lo mismo le pasa al resto de los productores de los bajos y del norte santafesino. Sus aguadas están agrietadas y duras, sus animales caminan kilómetros para beber un poco de agua y en muchas zonas las pasturas están quemadas.
Mario Saliva, presidente de la Sociedad Rural de Vera, resume la situación del departamento en dos frases: "En la cuña boscosa tenemos agua pero no pasto y en los bajos hay pasto pero nada de agua". Aquí se estima que el rodeo ganadero supera el millón de cabezas, porque en los últimos años llegaron miles de animales -"las vacas corridas" por la expansión agrícola- que antes ocupaban los fértiles campos de la Pampa Húmeda.
Todavía nadie sabe con precisión cuántos animales murieron. Manuel Muñoz, presidente comunal de Garabato, cuenta que en lo que era la laguna La Tigra hay vacas tiradas por todos lados. En los campos se percibe la pérdida de estado corporal en los animales.
"Nosotros estimamos que esta zona va a perder 100.000 cabezas de ganado este año, además va a quedar afectado el índice de preñéz", advierte Saliva. La causa no sólo es la sequía. Por un lado, los productores están "malvendiendo" la hacienda para evitar que se les muera de sed y hambre, pero también incide que necesitan lugar en sus campos para los nuevos terneros.
Se calcula que en los bajos una vaca necesita beber entre 50 y 60 litros de agua por día, y el consumo promedio de pasto por cabeza llega a los 70 kilos de materia seca por día.
En algunos lugares la sequía sorprende a todos. La laguna El Bonete está a 25 kilómetros de Vera por la ruta 98 que atraviesa los bajos. Lo que siempre fue un espejo de agua lleno de aves ahora es un inmenso charco con sólo algunos centímetros de agua.
Más al norte hay otro ejemplo fuerte. La laguna La Loca está completamente seca. "Podés entrar con la camioneta bien adentro, atravesarla y dar vueltas; no hay agua", dice Muñoz. Los 12.000 animales que hay en la zona están bebiendo de dos pozos, pero siempre existe el riesgo de que se salinicen y no sirvan más.
La sal es otro punto importante. En los bajos se respira y se siente en todas partes. En las grietas y en los perfiles de suelo suele aparecer el color blanco. Los suelos son salinos y alcalinos porque hace millones de años -antes de que se levantara la Cordillera de los Andes- estos campos formaron parte del lecho del mar.
En estas llanuras sin árboles, casi toda el agua subterránea no sirve. Por esta razón, las lluvias son esenciales para llenar las lagunas, esteros y aguadas.