Ivana Zilli - [email protected]
Luego de que la lombricultura viviera una "época de oro'; el desequilibrio entre la oferta y la demanda condujo a un decaimiento de algunos establecimientos de la zona. Sin embargo, los emprendedores que se animaron a permanecer, hoy pueden contar los logros obtenidos.
Para Carlos Sturm, la producción de lombrices es "una actividad apasionante". El comenzó con este emprendimiento como "hobby"; pero, pretende que este trabajo se convierta en su medio de vida al momento de jubilarse -actualmente es pediatra-.
Cuando decidió dedicarse a esta actividad, puso en condiciones un sector del campo que está localizado en Sa Pereira (Las Colonias), compró lombrices californianas -tienen una mayor longevidad, viven entre 15 y 16 años y cuentan con una alta capacidad de reproducción- en un criadero de Esperanza y empezó a trabajar con una cuna -de 2 metros por 10 metros- de 10 núcleos.
Entre una y dos veces por semana, Carlos recorre el campo y controla hasta el mínimo detalle para lograr que su producción tenga una buena evolución. Las tiene que alimentar cada 20 días; aunque, durante el verano "deben comer con mayor frecuencia porque las lombrices realizan un trabajo más profundo", señaló el lombricultor.
Por lo general, "con el frío se aletargan y se meten en la profundidad de la cuna buscando una temperatura más alta". Es que "para llevar adelante esta actividad deben asegurarse determinadas condiciones óptimas como la comida, mucha humedad (se alimentan por succión) y una temperatura que oscile entre los 5 y 35 grados", puntualizó Sturm.
Por esta razón, "las mantengo tapada con un nylon, lo cual, me permite retener la humedad y resguardar a las lombrices de la temperatura para que en invierno no sufran del frío y en verano no reciban demasiado calor".
Las lombrices comen 1 gramo por día y deposicionan 0,75 gramos -esto es el humus-. Por lo tanto, "en la medida que uno le brinda mayores cuidados, la reproducción es mucho más rápida y se obtiene una producción más elevada", resaltó el emprendedor santafesino.
En la actualidad, vende cerca de 1000 kilos por mes y para procesar una cuna demora casi 8 horas . Si bien tiene mercadería, no cuenta con la infraestructura necesaria para "poder procesarla y almacenarla porque hay que guardarla con bastante humedad para que no pierda su valor", resaltó Sturm.
Una cuna recién empezada, dentro de los 6 meses puede producir alrededor de 7.000 kilos de humus. "Las lombrices ponen un huevo por semana, a los 20 días -en condiciones óptimas de humedad y temperatura- eclosionan y nacen entre 15 y 18 lombrices por cada huevo. De esta cifra, 10 ó 12 llegan a un estado adulto y a los tres meses tienen madurez sexual", agregó el lombricultor.
Lamentablemente, ahora, "es cada vez más difícil conseguir la comida -estiercol de vaca-, debido a que en este último tiempo se registró una disminución de la cantidad de tambos en la zona".
Para este emprendedor, "el humus de las lombrices es el mejor fertilizante que posee la naturaleza, ya que aporta una importante cantidad de materia orgánica, minerales y todos los elementos que necesita la tierra". Además, "cuenta con una alta carga bacteriana -tiene aproximadamente, 6 millones de bacterias por centímetro cúbico- lo que provoca que el proceso de metabolismo de la tierra se haga con mayor velocidad y naturalidad", señaló Carlos.
El humus se puede colocar de forma directa en las plantas y también existe la posibilidad de fabricarlo de manera líquida.
Se coloca el humus en un filtro y después se arroja un poco de agua, lo que queda en el colador es materia orgánica que se puede echar a las plantas y el líquido asentado -lo que ha quedado depositado en el fondo- se pone en las fumigadoras o en un recipiente y se rocían las plantas. De esta forma, se fertiliza desde las hojas hasta las raíces.
Al respecto, Sturm comentó que "el humus además de ser un excelente fertilizante, tiene la ventaja de que es sumamente económico. La bolsa de 2 decímetros -1400 gramos- se vende al público a $ 2". Sin embargo, "los viveros prefieren comercializar los agroquímicos que por tener un valor más elevado les genera una mayor rentabilidad".
Durante toda la vida, Carlos buceó para ver qué otra actividad podía hacer aparte de ejercer su profesión y la verdad que "me entusiasmó poder desarrollar un emprendimiento de estas características", confesó.
Los primeros pasos los di en una época donde esta actividad "era un boom" y el humus se vendía muy bien. Una bolsa de 1 decímetro se comercializaba a 2 pesos y había una importante demanda porque la gente se daba cuenta de que se observaban grandes diferencias entre una planta que crecía con abono orgánico y otra a la que no se le colocaba".
En ese momento, "la demanda no alcanzaba a ser satisfecha con la oferta existente". Y por esta razón, en algunos establecimientos "empezaron a mezclarle un poco tierra, arena y polvo de ladrillo". Esto provocó que de a poco, "este producto se empiece a desvirtuar y lo dejen de comprar".
Ante esta situación, "ahora nos vemos obligados a volver a posicionarlo".
Carlos posee todas las herramientas para mejorar el desarrollo de su emprendimiento. Sin embargo, "necesita que en el mercado exista una mayor demanda para poder crecer de forma más sostenida en esta actividad que tiene un futuro espectacular", pronosticó el emprendedor.
Los técnicos de Pro Huerta de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Rafaela, Ricardo Ledesma y Cecilia Nava, recomendaron ubicar las pilas en un terreno alto protegido con forestación o media sombra del que pueda escurrir el agua sobrante del riego o de la lluvia. Se puede hacer en canteros sobre el nivel que tengan un brazo de ancho; en suelo cemento (1 de cemento + 8 de tierra) o chapas. Para el piso, se puede usar plástico negro grueso o chapas más anchas que la pila. Luego se colocan los distintos restos orgánicos mezclados con una horquilla o pala. Se mezclan para que se pudran en las pilas al aire libre con la humedad, la temperatura y la aireación para que los microorganismos, los bichos bolita, los ciempiés, los gusanos blancos, etc; los descompongan bien.
Hay que esperar que los microorganismos hagan su trabajo. Para saber en qué momento colocar las lombrices debemos controlar la temperatura de la pila -se puede hacer tomando en las manos una pequeña porción de los restos-. Al comenzar a pudrirse sube la temperatura; pero, después de un tiempo se enfrían. Éste es el mejor momento para poner las lombrices en la pila.
Al respecto, los profesionales detallaron que hay que airear las pilas cada 15 o 20 días removiéndolas con el rastrillo y manteniendo la humedad con riego. Tapar la pila con plástico negro, media sombra o pasto para conservar el calor, la humedad y mantener lejos a las gallinas, los sapos y especialmente, a las hormigas -arman sus hormigueros y comen el alimento de las lombrices y las atacan-. Para que no ingresen, se hacen canaletas con agua alrededor de la pilas.
El abono de la lombriz se observa a simple vista cuando el tamaño de los restos de la pila han cambiado. Se parece a borra de café, de color oscuro, suave, con olor a tierra húmeda. El tamaño de la pila ha disminuido considerablemente y puede llegar a tener hasta la mitad del tamaño original.