Ings. Agrs.. Sebastián Gambaudo, Hugo Fontanetto, Edit Weder y Guillermo Gianinetto
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Los suelos aptos para la agricultura de la región centro-este de la provincia de Santa Fe presentaban en su origen una alta fertilidad química, la que se fue degradando debido al uso y a las secuencias de cultivos poco conservacionistas que se utilizaron. Asimismo, tampoco se contemplaron las tasas de extracción y de reposición de nutrientes de los cultivos implantados.Esta situación afectó gradualmente la productividad de los suelos por la alta demanda de nutrientes de la secuencia predominante en las explotaciones de la región: el doble cultivo trigo-soja. Por lo expuesto, se produjeron disminuciones en el contenido de materia orgánica (MO), y deficiencias de ciertos nutrientes como el nitrógeno (N), el fósforo (P), el azufre (S), el calcio (Ca) y de algunos micronutrientes en los suelos.En los últimos tres años el cultivo de colza volvió a reactivar el interés por su siembra en regiones no tradicionales de la Argentina, con el aditivo ahora de su posibilidad de uso para la fabricación de biocombustibles, tomando también importancia en la provincia de Santa Fe.De acuerdo a trabajos realizados por varios autores muestran a este cultivo como un gran demandante de fertilidad de suelos, mencionando al S, P y N como los tres principales nutrimentos demandados por este cultivo. Mencionándose que para producir 1.000 kg de grano son necesarios tener 60 kg de N; 8 kg de P y entre 10-13 kg de S.Con estos antecedentes se llevó a cabo un ensayo con el objetivo de evaluar la respuesta del cultivo de colza al agregado de diferentes dosis de N, P y S en un ambiente del centro de la provincia de Santa Fe.
En el ensayo se compararon los siguientes tratamientos. Dosis de N: 0, 40, 80 y 120 kg/ha de N aplicados en el momento de la siembra. Fuente nitrogenada: Urea (46% de N). Dosis de S: 0 y 30 kg/ha aplicados en el momento de la siembra. Fuente azufrada: Yeso natural (96% de pureza- 18 % de S). Dosis de P: 0 y 30 kg de P aplicados en el momento de la siembra. Fuente fosfatada: Superfosfato triple de calcio (20% de P).
La combinación de fertilizantes y dosis originó una experiencia en donde se compararon 16 tratamientos realizándose cuatro repeticiones de las mismas.
El lote presentaba un contenido medio a alto de MO y de Nt, donde es posible encontrar respuesta al agregado de N y S según experiencias realizadas con otros cultivos. El contenido de P extra representa un nivel medio a bajo si se piensa en rendimientos altos. El valor de pH indica un suelo ligeramente ácidos y es un valor común en la región y no representan problemas aún para el desarrollo de los cultivos. La fertilidad actual muestra valores bajos consecuencia del uso del suelo y época del año.
El ensayo se instaló en un cultivo de colza, variedad Sursem SW 2836, sembrado el 01 de junio del 2007 con una densidad de 6 kg/ha en sistema de siembra directa y se cosechó el 17 de noviembre con una cosechadora automotriz de parcelas sobre una superficie de 13,5 m2.
Los resultados logrados mostraron respuesta a los tres nutrimentos evaluados, lo que estaría demostrando por un lado el requerimiento del cultivo y por el otro la fertilidad del suelo. La diferencia entre el tratamiento sin fertilizar (P0N0S0 = 1356 kg/ha) y el que recibió el aporte de los tres elementos en su mayor dosis (P30N120S30 = 2815 kg/ha) fue de 1459 kg/ha, diferencia muy importante para cualquier cultivo que se realice.
El incremento debido al agregado de 30 kg de P/ha fue de 102 kg de grano/ha. Teniendo en cuenta que el contenido de P disponible del lote en el momento de la siembra era de 16,7 ppm, el aumento logrado estaría demostrando un requerimiento, por parte de la colza, superior al que se observa en el cultivo de trigo. El incremento debido al nitrógeno en presencia del azufre fue de 10 kg de colza por cada kg de nitrógeno agregado
De acuerdo a los resultados obtenidos en esta campaña, la colza se ha manifestado como un cultivo exigente en nitrógeno, presentando respuestas muy altas a su agregado y con requerimientos superiores a los 100 kg/ha de N disponible para producciones superiores a los 2.000 kg/ha de granos.
En todos los casos el agregado de S aumentó los rendimientos pero en menor magnitud que el N. Además demostró ser un cultivo más exigente en fósforo que el cereal, por lo que los valores de diagnóstico para la toma de decisión de realizar la fertilización, estarían por encima de lo considerado para el trigo.
Los aumentos de producción y las tendencias obtenidas por efecto de las variantes estudiadas plantean la necesidad de seguir investigando esta línea en las futuras campañas.
En esta campaña los profesionales de AFA Humboldt e INTA Rafela repitieron la experiencia en otro potrero del mismo campo utilizado el año pasado. La prueba se realiza sobre micro parcelas de 2 metros de ancho por 10 de largo en las que se realizan 2 tipos de mediciones: distintas combinaciones de nitrógeno y azufre; y dosis crecientes de azufre. El objetivo es ir ajustando los datos que se obtuvieron en 2007 para conseguir datos más precisos.
El análisis de suelo arrojó un contenido de fósforo de 22 a 24 ppm (partes por millón) extractable, por lo que no es necesario hacer pruebas sobre este nutriente. Por ello el trabajo se enfocó a medir la incidencia de nitrógeno, cuya incorporación se hizo utilizando urea granulada en dosis equivalentes a 80, 160 y 320 kilos hectárea. Las combinaciones incluyen diferentes niveles de azufre con la incorporación de yeso agrícola.