Opinión: OPIN-03 No demolamos a Charly

Otra vez Charly. El hombre que nos tiene acostumbrados al escándalo, a saltar desde un noveno piso, al alcohol y a las drogas, volvió a ocupar la escena mediática. Lamentablemente, pocos parecen preocupados por Carlos Alberto García Moreno, el hombre enfermo que se esconde detrás del mito.

Nació en octubre de 1951 en el barrio porteño de Caballito, en el seno de una familia acomodada y fruto del matrimonio entre el arquitecto y físico-matemático Carlos García y la productora musical Carmen Moreno.

Cuando cumplió tres años y después de recibir su juguete más preciado, un pequeño piano, sus padres descubrieron que tenía un oído musical fuera de lo normal.

Más tarde comenzaría a tomar lecciones de piano y a los 12 años ya era profesor de teoría y solfeo.

También supuso un instrumento de escape en una época que el propio Charly recuerda como angustiante y detonante de una enfermedad (vitiligo) que le dejó blanca parte de su cara.

"¿Por qué tengo el bigote bicolor? Porque mamá y papá se fueron muy lejos, los extrañé mucho y me salió el bigote así. No fue un antojo, fue el extrañar. Tenía dos años y 32 mucamas", dijo alguna vez al recordar un viaje a Europa de sus padres que le provocó trastornos nerviosos.

Su virtuosismo con el piano llevó a Carlos y a Carmen a imaginar un futuro de concertista para su hijo, que en 1964 se topó con los Beatles y con quien sería su ídolo máximo, John Lennon.

En el aula de música de su escuela conoció a Carlos Alberto Mestre (Nito Mestre), con quien daría vida a Sui Generis, un grupo que con el tiempo se convertiría en el más popular del rock argentino.

Charly García supo después integrar otros grupos aunque, el esplendor de su talento, según los entendidos llegó con Serú Girán, una banda que reunía a los mejores músicos de la época y definida como "los Beatles argentinos".

Es hora de decir "gracias Charly" por los buenos momentos que regaló con su música. Es hora de que dejemos de demolerlo.