Política: POLI-05
ANALISIS
Hay crisis, señora presidente
Rogelio Alaniz

La presidente inició su discurso con una autocrítica: "Fuimos ingenuos", dijo. Pocos o muchos errores se le puede atribuir a este gobierno, pero ni siquiera al crítico más abusivo se le ocurriría imputarle ingenuidad. El gobierno no es ingenuo, se equivoca, que no es exactamente lo mismo. Su concepto del poder lo conduce a errores insalvables, cuya traducción política se designa con el nombre de crisis. Las crisis no se resuelven con palabras, tampoco pidiendo perdón para luego seguir haciendo lo mismo. Las crisis se resuelven con decisiones políticas, con hechos, como le gustaba decir al General.

El conflicto con el campo puso en evidencia que el gobierno carece de una política para el campo y que la única estrategia que fue capaz de desarrollar hasta la fecha fue recaudatoria. También puso en evidencia que los funcionarios del gobierno ignoran lo que pasa en el campo y los cambios que se han producido en las últimas décadas.

Un conflicto económico deriva en una crisis política cuando la protesta se generaliza y pone en discusión una determinada concepción del poder. Las retenciones han sido el origen, el disparador de la protesta. Hoy lo que se debate es algo más que un porcentaje de la renta. En el camino, el gobierno perdió uno de los atributos centrales del poder: la credibilidad. Por eso hay crisis.

El lunes a la tarde la presidente abandonó el tono crispado de sus anteriores discursos, pero ya se sabe que los errores en políticas no se corrigen cambiando el tono de la voz o del vestuario. Mientras la presidente siga confundiendo la distribución de la riqueza con la caja del poder, el conflicto seguirá latente. Mientras invoque la distribución de la riqueza, pero concentre el poder, nada habrá cambiado.

No se le puede pedir a un gobierno que se niegue a sí mismo. Tampoco que se suicide. Pero sí se le debe exigir que entienda lo que está pasando y obre en consecuencia. La retórica acerca de un gobierno nacional y popular enfrentado a la oligarquía no es más que eso: retórica. Las bravuconadas contra la Sociedad Rural demonizada como la responsable de todas las desgracias nacionales, no son más que fuegos artificiales que disimulan mal que el verdadero enfriamiento del gobierno es con los pequeños y medianos productores y no con la supuesta oligarquía.

La señora presidente pretende resolver la crisis negándola o haciendo más de lo mismo. Cree que es atacada por un puñado de oligarcas y golpistas cuando en realidad lo que hay en la ruta son chacareros, hombres forjados en la cultura del trabajo, una virtud que más de un funcionario o beneficiario de este gobierno debería tratar de imitar. Propone como solución generosa que el dinero de las retenciones se destinen a más obra pública sin afectar el principio de concentración del poder. No sé si el campo va a continuar o no con la protesta. Sí sé que partir de lo sucedido en estos noventa días nada volverá a ser igual. Como le gustaba decir a un conocido intelectual ruso: "Los de arriba ya no podrán gobernar como antes; los de abajo se resistirán a ser sometidos como hasta entonces".

mr