Nosotros: NOS-06
DE RAÍCES Y ABUELOS
Un recorrido por la vida de inmigrantes italianos
Familia Bulgarella. Juan Bautista Bulgarella se contactó con De Raíces y Abuelos para compartir la historia de dos inmigrantes italianos (su padre y su primo segundo), a quienes dejó un sincero homenaje. En esta oportunidad, ofrecemos la primera entrega de este extenso trabajo.Textos de Juan Bautista Bulgarella.

He escrito esta historia en homenaje a dos inmigrantes italianos oriundos de Monte San Giuliano, un pueblo de la provincia de Trapani, Sicilia, Italia, que desde 1936 es Erice, lugar donde pernoctamos durante dos días con mi esposa Juanita después de haber realizado un tour por toda Sicilia. En el Ufficio Anagrafe e Stato Civile nos informaron que anteriormente Monte San Giuliano fue capital de comunas, una de las cuales fue Valderice, lugar donde nacieron los dos protagonistas de esta historia: mi padre, Giussepe, el 8 de mayo de 1894, y Giácomo Scuderi, el 27 de noviembre de 1898.

Ambos eran hijos de dos primos y sus familias eran de Valderice pero vivían en distintos barrios, los Bulgarella en Acquasorbe y los Scuderi en Marjorana. Mis abuelos -Giussepe Bulgarella y Giácomoa Bonventre- tuvieron nueve hijos (mi padre era el séptimo), cuatro de los cuales emigraron a Argentina y dos a Estados Unidos. Los demás quedaron con sus padres, que eran campesinos y como medieros cultivaban trigo, viñedos y olivos.

Giácomo Scuderi era hijo de Cayetano Scuderi y de Antonia Bulgarella; su padre era comerciante y su madre se dedicaba a los quehaceres del hogar. Fue el sexto de siete hermanos, tres de los cuales se radicaron en Estados Unidos pero él emigró a la Argentina por no conseguir la visa de ese país y los otros quedaron con sus padres.

En 1908 cuando mi padre tenía sólo 14 años, bajo la tutela de mi abuelo, fue la primera vez que tocó suelo argentino. Llegaron para ver qué posibilidades que le ofrecía el país para ayudar a su familia, pero por alguna razón que se desconoce antes de cumplirse un año de estada en el país regresaron a su terruño.

A los 17 años, en el Vapor Principessa Mafalda fue la segunda vez que llegó al puerto de Buenos Aires, en compañía de sus hermanos mayores Andrea y Girólamo. Su pasaporte fue expedido el 30 de diciembre de 1910.

Los primeros trabajos de Giussepe y Giácomo fueron en Río Negro como peones en la agricultura, cosechas de cereales y de sus frutos, y luego en la provincia de Buenos Aires en la construcción de canales, terraplenes, colocación de durmientes y vías del incipiente ferrocarril. Les pagaban por tanto, no tenían en cuenta las horas trabajadas, generalmente lo hacían de sol a sol, tenían muchas necesidades, querían ganar el dinero suficiente para su propia subsistencia y ayudar a sus padres. Pasado un tiempo se radicaron en Rosario, provincia de Santa Fe.

Cuatro Bulgarella

En 1923 llegaron a nuestro país Giácomo Scuderi y Salvatore Bulgarella, hermano menor de mi padre, quienes se radicaron en Rosario. Eran muy amigos además de unirlos lazos de parentesco.

Con Salvatore ya eran cuatro los hermanos Bulgarella radicados en Rosario. Ninguno llegó a imaginar -al despedirse de sus padres- que nunca más los volverían a ver, porque cuando añoraban volver no contaban con el dinero suficiente para costearse semejante viaje y, cuando al cabo de unos años habían logrado cierta estabilidad económica y podían hacerlo, fue demasiado tarde: sus padres habían muerto. Scuderi -en cambio- realizó dos viajes a Italia en 1951 y a Detroit (Estados Unidos) en 1954, adonde se encontró con sus hermanos Mario y Tony después de 36 años.

Quiero dedicar parte de esta historia a mi madre Carmen Gaglianone, nacida en Rosario el 16 de julio de 1900, hija de Nicolás Gaglianone y María Saveria Retontale, mis abuelos maternos, oriundos de un pueblo de Calabria que emigraron a la Argentina.

Cuando ella tenía 3 años falleció su padre, quedando mi abuela desamparada. Con los pocos ingresos que obtenía como trabajadora doméstica crió a sus tres hijos: José, Carmen y Angela Gaglianone. Posteriormente, contrajo enlace con Francisco Rémolo, de cuya unión nacieron tres hijos: Antonia (el 11 de mayo de este año cumplió 100 años), Salvador y Nito Rémolo. Su padrastro era dueño de un corralón que vendía forrajes, carbón, leña, vinos en bordalesas, contaba con cinco chatas y una tropilla de caballos y la representación de la yerba mate marca Néctar.

Mis padres se conocieron en Rosario, contrajeron enlace el 31 de julio de 1920, y estuvieron casados por más de 52 año. De ese matrimonio nacieron cuatro hijos: Giácoma Josefa y José Nicolás, en Rosario, Juan Bautista y María Isabel, en Santa Fe.

En ese corralón comenzó a trabajar mi padre como "auriga", que es la persona que dirige los caballos que tiran de un carruaje, con una chata tirada por cuatro caballos y dos cadeneros distribuía la yerba mate por toda la ciudad de Rosario.

La historia de Scuderi

Por su parte, Scuderi trabajó como peón en la cosecha de cereales en campos cercanos a Rosario y en la construcción de caminos; después volvió a la ciudad para dedicarse a fletero con un camión de su propiedad y finalmente trabajó como taxista.

Contrajo matrimonio con Francisca Santana el 28 de abril de 1928, quien era hija de Antonio Santana y Lucía Almeida, ambos de nacionalidad española. Tuvieron cuatro hijas: Antonia, Gladys Noemí, Elide y Zulma María.

Respecto a mi padre, cabe decir que había dejado su trabajo en el corralón y compró un coche de plaza, conocido como "mateo", con el transportaba personas y cargas. Vivía en Córdoba 4620 de Rosario. Durante el día trabajaba como cochero y por las noches lo hacía en una estación de servicio que estaba a dos cuadras de su casa, donde aprendió a manejar moviendo los autos que sus dueños dejaban para pasar la noche.

Sacó su registro de conductor en la Municipalidad de Rosario con fecha 16 de diciembre de 1930 y comenzó a trabajar como taxista, la misma actividad que desarrollaba Scuderi y sus tres hermanos, todos en la misma parada: primero en la ex Estación Central del Ferrocarril Norte, conocida como "Rosario Norte", después en pleno centro de Rosario.

Socios, además de amigos

En 1933 se iba a producir un cambio en la vida de los dos protagonistas que fue el principio que los mantendría unidos como socios por el resto de sus vidas. Anastasio Navarlaz, un español que había vivido en Rosario y desde hacía unos años estaba radicado en Santa Fe, tenía la Concesión de la Línea G, un servicio urbano de pasajeros que se prestaba con seis coches.

Su recorrido era saliendo desde Facundo Zuviría y Derqui, por ésta hasta Aristóbulo del Valle, 25 de Mayo, Junín, 1º de Mayo, Gral. López, Estación Ferrocarril Central Argentino, regresando por Gral. López, Av. Freyre, 1º Junta, 9 de Julio, Bv. Pellegrini, 25 de Mayo, A. del Valle, hasta Derqui y F. Zuviría.

Esa concesión la había otorgado la Municipalidad de Santa Fe el 19 de diciembre de 1932, durante la intendencia del Dr. Agustín Zapata Gollán. Por entonces, también funcionaban las líneas B (con 12 coches, concedida el 2 de abril de 1930, cuyo titular era José Olivieri), A y C con dos coches cada una (el 20 de enero de 1932, a favor de la Cía. Argentina de Electricidad S. A.), la F con 10 coches (el 18 de junio de 1932 cuyo concesionario fue Domingo Bracamonte); y la S (el 25 de octubre de 1932, con cinco coches, siendo sus titulares Spuri y Zacarías).

En los primeros meses de 1933, Anastasio solicitó al Concejo Deliberante una modificación de recorrido, partiendo desde Av. Aristóbulo del Valle y la 30 sin nombre (hoy Av. Galicia) para llegar a pasar por el Hospital Italiano. Este pedido contó con el apoyo de la Sociedad Unión y Progreso de Villa María Selva, con el compromiso de aumentar el número de coches como lo establecía el decreto de concesión, contar como mínimo con un número de coches equivalente a uno por cada 2 kilómetros de recorrido computado la ida y vuelta.

El pedido fue resuelto favorablemente, por lo que Don Anastasio debió recurrir a sus amigos en la ciudad de Rosario para interesarlos a integrar la nueva empresa. Entre esos amigos invitó para venir a Santa Fe a mi tío Andrea. Pero como éste no aceptó en su lugar vinieron a Santa Fe mi padre y Scuderi, junto a otros amigos de Don Anastasio, como Vicente Aguirre, Luis Elorza, Miguel Santos y otros que estaban dispuestos a afrontar la nueva aventura.

La Unión Línea G

Nuevo emprendimiento

En el marco de una reunión que tuvo lugar en el chalet de Anastasio, en Av. Aristóbulo del Valle 6729 -que fue un punto de referencia en el barrio Villa María Selva- surgió la Empresa La Unión Línea G, una sociedad de componentes cuya condición era ser propietario de por lo menos una unidad, la que debía ser afectada al servicio urbano. La primera sociedad Bulgarella-Scuderi se inició con la compra de un ómnibus usado marca Internacional, modelo 1929, para 15 pasajeros sentados, adquirido en la Agencia International Harvester Company de esta ciudad, mediante la entrega de un dinero a cuenta y el saldo financiado por la misma agencia en cómodas cuotas mensuales sin interés.

El servicio de la Línea G tuvo buena acogida entre los vecinos del barrio; el número de usuarios fue creciendo por lo que se vislumbraba un futuro para la empresa. Ante esa perspectiva ambos decidieron, en enero de 1934, trasladar sus familias que habían quedado en Rosario a nuestra ciudad.

La esposa de Scuderi, Doña "Paca", y Doña "Carmen", mi madre, se conocían desde Rosario y había entre ellas una sincera amistad, la que se fue acrecentando en Santa Fe. Eran amas de casa ejemplares, irrefutables: Doña "Paca" dedicada al hogar y a su profesión de bordadora, y mi madre a sus quehaceres, era amante de la cocina. Colaboraban con sus esposos administrando el dinero que, al cabo de cada jornada y muy entrada la noche, traían al hogar.

El nuevo recorrido se prestaba con 12 unidades y sus componentes eran propietarios de las siguientes unidades: coche Nº 9 de Bulgarella y Scuderi, el Nº 1 de Fabián Fernández, el Nº 2 de Vicente Aguirre y Arsenio Pedro, el Nº 3 de Bórtoli, el Nº 4 de Higinio Blasig, el Nº 5 de Altare, el Nº 6 de Luis Elorza, el Nº 7 de Francisco Navarlaz, el Nº 8 de Paco Santana, el Nº 10 de Anastasio Navarlaz, el Nº 11 de Miguel Santos y el Nº 12 de Arias. La administración de Empresa La Unión Línea G estaba en Aristóbulo del Valle 6460, domicilio Luis Elorza, administrador de la sociedad y propietario del coche Nº 6 marca Reo.