Nosotros: NOS-13
Toco y me voy
Estoy de cama
Hace frío, el mundo es ancho y ajeno, y uno querría quedarse en la cama todo el tiempo. Ahora, la tecnología no sólo está de tu lado. Está encima, debajo, por todas partes. Uno puede dormir al abrigo de tanta ciencia disponible. Correte, un poco, che.

Hay productos oportunistas, que trabajan arteramente la coyuntura, que se aprovechan de lo estacional. Las heladerías no hacen propaganda en invierno; las fábricas de pastas casi ni se ven en verano. Por estos días, las publicidades se resuelven en ni siquiera sutiles invitaciones a automedicarte cosas para resfríos y gripes. Pero entre ese fárrago de pomaditas, pastillas y jarabes milagrosos, hubo una publicidad que me llamó la atención: la nueva frazada térmica, un hallazgo de indudables beneficios pero inquietante, porque debe enchufarse (anda como un calefactor, es de hecho un calefactor) y tiene hasta un control remoto para adecuar la temperatura. En la cama, y para que no se peleen por el control, la pareja dirime la cuestión con dos controles y listo, con lo que no hay discusión respecto de las diferentes temperaturas. No me aclaran sin embargo si tiene temperatura sectorizada (vos treinta grados, ella siete u ocho; o viceversa: jodido que uno esté caliente y el otro frío) o si continuamos gozando de los beneficios de una frazada común que uniforma la temperatura general del habitáculo para dormir. Tampoco sabemos si se pueden superponer esas frazadas o si vienen de una plaza.

Preocupa el sistema: en vez de silla eléctrica, uno tiene una cama eléctrica con lo que te podés freir sin problemas, aunque cómodamente reclinado. Está la discusión filosófica de por medio: si uno está en contra de la pena de muerte (y yo lo estoy), y de la cruel silla eléctrica; por qué estar a favor del pequeño ensayo cotidiano de muerte que es el sueño y del novísimo artículo al cual estás enchufado... Porque una cosa es tener veladores o aparatos para los mosquitos cerca y otra muy distinta es tirarte algo encima conectado a 220.

Lo que me inquieta del asunto (porque a lo mejor la frazada es bárbara) es que estos guachos no se detienen nunca: un día van a descubrir el modo de enchufar mejoras directamente en nuestros cuerpos (y no quiero ni preguntar por dónde) y así andaremos por la vida, saciados, plenos, felices, a temperatura ideal y otros avances que nos harán parecer a hermosas plantas rubicundas y bobas.

Hace un tiempito atrás, nomás, la cama se calentaba con esas colchas de plumas gloriosas; o esas mantas tejidas al croché con restos de lana de todos los colores; o las cobijas o con frazadas de las que era difícil emerger entero...

Si uno quería calentamiento esxtra o localizado (en vez de calentamiento global), en el campo (donde había muchos hijos y camas que calentar) la nona ponía unos cuantos ladrillos arriba de la cocina de hierro; una vez a temperatura los envolvía en diario, y te los colocaba al fondo de tu cama. íOtra que frazada eléctrica! Luego, el sistema se civilizó un poco con la utilización de esos porrones de ginebra de cerámica que el tío Yulio se bajaba de un saque (y no necesitaba después frazada extra alguna) y posteriormente, con las bolsas de agua caliente, cuyo único inconveniente era que estuvieran bien tapadas: jodido que se te escape el chorro en medio de la noche. Y no diré más.

La industria textil quitó peso de las camas y agregó texturas, colores y aislación térmica al mismo tiempo. Y ahora, no contentos, te meten cables y íotro control más! para que de verdad puedas manejar el mundo desde tu cama. Vas a tener que enumerar y ordenar los controles nomás: jodido querer agarrar el control de la tele para ir al canal 43 por ejemplo y que te enteres de inmediato que se trataba del control de temperatura de la frazada.

Y me voy acurrucando nomás: sigo creyendo en la doble calefacción de una buena buseca y un cuerpo (los dos aceptan cucharita) y no en todas las cosas que te enchufan, literalmente, de prepo. Así nadie puede pegar un ojo. Yo ya estoy recaliente.

Autor: Néstor Fenoglio