Opinión: OPIN-01 Cobos y el papel histórico de los vicepresidentes

Se le atribuye a Sarmiento haber dicho que la tarea del vicepresidente es tocar la campanilla de la Cámara de Senadores. Exageraciones al margen, la tarea de los vicepresidentes en nuestra historia política osciló entre la función decorativa, la corrección institucional y la intriga política. Más de un constitucionalista estima en la actualidad que la figura del vicepresidente es prescindible. Diferentes argumentaciones jurídicas y experiencias políticas de Occidente avalan esta hipótesis.

No obstante, en la historia argentina moderna el vicepresidente ha cumplido, en determinadas circunstancias, funciones institucionales importantes. Ha sucedido al presidente en ocasión de crisis políticas o por fallecimiento del titular del Ejecutivo. Tales han sido los casos de Marcos Paz sucediendo a Mitre; de Pellegrini, completando el mandato de Juárez Celman; de Figueroa Alcorta con Quintana; de Victorino de la Plaza con Roque Sáenz Peña; de Ramón Castillo con Roberto Ortiz y, para no olvidarlo, de Isabel Martínez con Juan Domingo Perón.

Ciertas crisis institucionales impactaron en cambio en las figuras de vicepresidentes. Son los casos de Alejandro Gómez con Frondizi o de Carlos "Chacho" Alvarez con Fernando de la Rúa.

La consideración histórica no es arbitraria. En estos días, el vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, ha tomado distancia de las políticas oficiales de la presidenta. Las diferencias no son explícitas, pero son visibles. Dirigentes oficialistas e integrantes del entorno de los Kirchner han expresado su disconformidad con las actitudes del vicepresidente. Y se sabe que el propio Néstor Kirchner se ha referido con tonos muy críticos a su conducta.

Concretamente, Cobos ha planteado que el diálogo es indispensable para resolver la crisis con el campo. A contramano de la actitud confrontativa de los Kirchner, el vicepresidente se ha ido transformando en un interlocutor de los dirigentes rurales y de los gobernadores preocupados por hallar una solución consensuada al grave problema. Legisladores nacionales e intendentes también han sido convocados por Cobos.

Si bien en todo momento él se ha preocupado por destacar que su gestión no confronta con la de los Kirchner, para cualquier observador de los acontecimientos queda claro que las diferencias son manifiestas. En otras circunstancias, los Kirchner hubieran puesto en línea al funcionario disidente, pero hoy no lo pueden hacer porque carecen del poder que en su momento ejercieron Äpor ejemploÄ para disciplinar brutalmente a Scioli.

Habrá que seguir los hechos con atención. Las distintas actitudes y procedimientos de Cobos respecto de la señora de Kirchner son evidentes, pero lo que en suma importa es preguntarse sobre las consecuencias institucionales de estos diferendos. Sin duda que ellas estarán sujetas a la resolución de la crisis mayor. Tal como se presentan los acontecimientos, da la impresión de que la estrategia de Cobos sintoniza con el humor de la sociedad civil y de la mayoría de la sociedad política. Si ésta es la que termina imponiéndose, su posición se habrá fortalecido. En caso contrario, penderá de un hilo.