Hasta el día de hoy, los uruguayos discuten acerca de cuál es el día real de su Independencia. El debate se ha actualizado pero lleva más de cien años. Las luchas facciosas entre colorados y blancos, el deseo de manipular el pasado al servicio de una causa partidaria, es lo que explica esta polémica inacabada. Hace unos meses el ex presidente Julio María Sanguinetti presentó un trabajo académico en el que intenta reflexionar sobre un tema que para políticos e historiadores sigue siendo muy delicado.
Los políticos saben que quien domina el pasado controla el presente. Ésta no es una verdad jurídica, pero es una verdad del poder. En la historia de Uruguay, esta máxima se cumple al pie de la letra. El Partido Colorado dominó durante décadas la política nacional y le impuso al pasado su propia versión. El 18 de julio es una fecha colorada no sólo porque se redactó una Constitución bajo el auspicio de esos dirigentes, sino porque luego se eligió presidente al líder histórico de los colorados: Fructuoso Rivera.
Durante décadas los chicos de la escuela, los vecinos de Uruguay y los turistas adhirieron al 18 de julio. No concluyeron allí las sugestiones y manipulaciones. La principal calle de Montevideo lleva ese nombre; la avenida más larga se llama Rivera, el santoral de héroes de la Nación está integrado por una abrumadora mayoría colorada. Por si esto fuera poco, el gran estadio de fútbol, el escenario de las grandes proezas deportivas, se llama Centenario porque fue fundado en 1930, en ocasión del Mundial de fútbol, el primer mundial, que justamente ganó Uruguay.
Cuando una propuesta histórica es avalada por el poder y sostenida por la pasión popular no queda mucho por hacer. Sin embargo, con el paso de los años esta verdad instalada con la fuerza de la tradición empezó a ser discutida. En realidad, siempre fue discutida, pero en los últimos años el debate se hizo más intenso. Para los dirigentes blancos, la fecha real de la Independencia es el 25 de agosto de 1825. Ese día Lavalleja, Oribe y otros dirigentes que luego adherirían a la causa blanca declararon la Independencia de la Banda Oriental. Una aclaración al respecto es necesaria. En la Florida, se tomaron tres decisiones importantes: la Independencia, pero la independencia de Brasil, la elección de una bandera provisoria y, esto es importante, el deseo de unión con las Provincias Unidas, es decir con la Argentina.
Quienes objetan esta fecha recuerdan que la declaración de la Independencia incluía la incorporación a la Argentina, motivo por el cual no es legítimo reconocer a esa fecha como el origen de la nacionalidad. Este argumento se refuta diciendo que los orientales no hablaban de incorporarse ni de someterse a la Argentina sino de vincularse bajo las condiciones de un Estado confederal libre e independiente. Si esto fue así, no habría problemas ÄdicenÄ de reconocer al 25 de agosto como la fecha real de la Independencia.
Otra hipótesis defiende al 4 de octubre de 1828 como el día en que efectivamente Uruguay adquirió su Independencia. La fecha refiere a la Convención Preliminar de Paz firmada por los gobiernos de Brasil y la Argentina bajo la supervisión de los representantes británicos, de Jhon Ponsonby para ser más precisos. Allí, las tres grandes potencias acordaron la independencia del "paisito". Es más, la declaración de principios de la Constitución de 1830 dice textualmente: "Los representantes de los nombrados por los pueblos situados a la parte oriental del río Uruguay (...) en conformidad de la convención preliminar de paz celebrada entre la República Argentina y el imperio de Brasil (...) deben componer un estado libre e independiente".
Los problemas que suscita esa fecha son varios. En primer lugar, Uruguay no estuvo presente. No deja de ser raro que una declaración de Independencia se haga sin la presencia del beneficiario de esa declaración. En segundo lugar, se considera que la presencia británica en ese acuerdo expresó el grado de sometimiento de las diplomacias brasileña y argentina a la "pérfida Albión". Este argumento lo sostienen algunos uruguayos, pero los que adhieren con más pasión a él son nuestros revisionistas argentinos, que consideran que la creación de Uruguay fue una maniobra perversa de los ingleses para fragmentar a las grandes naciones y asegurar buenos negocios en el Río de la Plata.
La famosa teoría del "Estado tapón" tiene algo de verdad, pero sólo algo. Es verdad que los ingleses estaban interesados en hacer buenos negocios en la zona. La carta de Ponsonby a su Majestad es elocuente. La creación de Uruguay sería la llave del comercio inglés en la región. Hasta allí estamos todos de acuerdo. Los problemas de interpretación se presentan con las desmesuras y las versiones conspirativas de la historia. Los ingleses tenían, sin duda, mucho poder, pero es un error creer que hacían lo que se les daba la gana. Su talento consistía en aceptar la realidad y favorecerse con sus contradicciones. Ellos no creaban la realidad, se aprovechaban de ella en todo caso. Y se aprovechaban de nuestras torpezas y debilidades.
Los ingleses querían la paz en la región no por razones humanistas sino comerciales. Su diplomacia demostraría un gran pragmatismo. En general, preferían gobernantes democráticos, pero si al orden político lo aseguraba un déspota no tenían ningún problema en convivir con él. Rosas, en ese sentido, fue un ejemplo paradigmático. Lo que sucede es que la vocación de paz también debería haber sido una exigencia de las flamantes naciones. En ese punto, los intereses reales de Brasil, la Argentina y Gran Bretaña podían coincidir y finalmente coincidieron.
¿En el camino, los argentinos perdimos a Uruguay? Como diría Borges, sólo se pierde lo que nunca se ha tenido. Los cronistas aseguran que desde que se fundó Montevideo en 1726 los problemas entre orientales y porteños fueron constantes. Después de 1810 se acentuaron. Para 1830, todos sabían que el conflicto con la Banda Oriental incluía la guerra con Brasil y la Argentina, la interrupción del comercio británico y francés y el descalabro de las economías regionales. Recién en 1851, ese frente de reiterados conflictos pudo más o menos contenerse. Ya para entonces Uruguay contaba con más de veinte años de vida independiente.
Lo que los revisionistas olvidan es que los más interesados en fundar el llamado "Estado tapón" eran los propios orientales. Las torpezas del gobierno de Buenos Aires, las sinuosidades de la diplomacia, los rigores de la guerra, la estrategia expansionista de Brasil y las ambiciones de los caudillos uruguayos fueron creando el escenario y prefigurando el desenlace. Reducir la creación de Uruguay a la teoría del "Estado tapón" es una torpeza intelectual, vicio al que los revisionistas gustan adherir de manera compulsiva.
Continuemos con los aniversarios. En principio hay tres fechas a debatir: el 25 de agosto de 1825; el 4 de octubre de 1828 y el 18 de julio de 1830. Como se puede apreciar, los uruguayos no sólo tienen problemas para definir la nacionalidad de Carlos Gardel. Sin embargo, la polémica no concluye en ese punto. Como dicen los avisos publicitarios, hay más fechas. Todos admiten que no se puede hablar de la Independencia de Uruguay sin tener en cuenta a Artigas, el padre de la Nación, según todos los relatos. Con Artigas ocurre algo extraño. Todos lo reivindican pero todos en su momento lo traicionaron. No terminan allí las paradojas. Las diversas historiografías le levantan la estatua de padre fundador de la Patria y en realidad Artigas nunca dijo una palabra sobre un Uruguay independiente. Como se podrá apreciar, la historia de la fundación de los Estados nacionales está sembrada de contradicciones. Uruguay es un caso típico, pero no es el único.
La fecha preferida de los artiguistas es el 5 de abril de 1813. Ese día, los representantes se reunieron en Tres Cruces. Las sesiones duraron hasta el 13. Allí se declaró la Independencia de España y se decidió concurrir como Banda Oriental a la Asamblea General de las Provincias Unidas, pero imponiendo una serie de condiciones. Es por eso que los delegados orientales viajaron a Buenos Aires con las célebres instrucciones. La asamblea porteña los rechazó y allí se profundizaron las diferencias.
A la hora de arribar a un criterio de verdad, los historiadores advierten sobre la diferencia conceptual entre Estado y Nación, como requisito para interpretar con más rigor la entidad histórica de esas fechas. La confusión existe porque a diferencia de Argentina, la forma de la nacionalidad uruguaya se desplegó en tres momentos: la Independencia de España, la de Brasil y luego la de Argentina.
Está claro que hoy los uruguayos no pierden el sueño por saber cuál es la fecha a la que deben adherir, pero también está claro que toda Nación que se precie debe forjar un relato más o menos consensuado de su pasado. Mientras la disputa por controlar el pasado estuvo en manos de blancos y colorados, el acuerdo siempre fue difícil. Curiosamente, la llegada de un tercero, en este caso el Frente Amplio, permite tomar una distancia más profesional con el pasado y, sobre todo, habilita una vía menos transitada para que sean los historiadores los que empiecen a definir en términos de saber histórico la densidad de cada una de las fechas.
Rogelio Alaniz