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De la Redacción de El Litoral
Una pelea ocurrida en la vereda del supermercado que está en avenida Luján y Richieri, en Santo Tomé, terminó con un hombre apuñalado en las costillas y en un brazo. No fue un intento de asalto, ni un ajuste de cuentas. Los contrincantes casi ni se conocían, aunque los hijos de ambos tenían algo en común: un bebé.
El 24 de mayo pasado, entre las siete y ocho de la noche, Carlos Pujato salía del supermercado cuando se topó con el "Cabezón" F., un policía de la zona al cual conocía por la relación que unía a sus hijos desde hacía más de dos años. En pocos días el nieto que tienen en común iba a cumplir un año, y el policía reclamaba que se lo dejaran ver. Claro que los modos no habrían sido los más indicados, porque ante la reacción de Carlos, el "Cabezón" lo habría amenazado de muerte y acto seguido le lanzaría dos puñaladas que le lastimaron las costillas y un brazo.
Lorena, de 22 años, quedó embarazada del hijo del policía a mediados de 2006. Llevaban algún tiempo juntos, pero después de la noticia y ante la negativa de la joven a irse a vivir con el muchacho a la casa de su padre, la relación se interrumpió.
La chica siguió adelante con el embarazo, apoyada por sus padres, Carlos y Liliana, y sus hermanos, que son seis. El 28 de mayo de 2007 nació la criatura y había que afrontar gastos de internación, costear los estudios médicos de rutina para la madre y el bebé, y cuidar de que nada le faltara al recién llegado. Los Pujato asumieron esa tarea, según contó Liliana a El Litoral. Por contrapartida, la familia del padre fue la gran ausente.
A poco de cumplirse el primer año del nieto en disputa, ocurrió el altercado entre los dos abuelos, que terminó con Carlos deambulando de comisaría en comisaría para que le tomaran la denuncia, hasta que cayó desmayado y lo llevaron al Samco local.
El corte más profundo era de 3 cm, pero le provocó una pequeña hemorragia interna, por lo que debió ser trasladado al Hospital Cullen, de Santa Fe. Una vez recuperado de las lesiones, insistió para que le tomaran la denuncia. Su declaración y la de una hija de 16 años, que vio la pelea desde el auto, quedó registrada en la División Judicial de la Unidad Regional I y en Asuntos Internos, que depende del Ministerio de Seguridad de la provincia.
Sin embargo, ya pasaron casi dos meses y los Pujato no encuentran una respuesta oficial que los ponga a salvo. "Tengo miedo por mis hijos que van a la escuela", se lamentó Liliana Arias, madre de los 7 hermanos, que pidió públicamente al jefe de policía "que se interese en el caso".
Sobre la relación con su yerno, aseguran que "es buena", a pesar de que tampoco se comprometió en la manutención de la criatura. Liliana está enojada con el muchacho porque "el chico necesitaba control desde el primer día, no recién al año"; asimismo le permitieron estar juntos el día del cumpleaños.
Los Pujato son una familia del popular barrio Las Vegas. Allí construyeron la casa en la que viven, y dicen ser gente esforzada, de trabajo. El embarazo de la mayor de las mujeres les generó gastos que tuvieron que afrontar solos, porque la chica "no pudo acceder a la obra social del papá porque había alcanzado la mayoría de edad". Para pagar el parto en un sanatorio privado Carlos tuvo que redoblar esfuerzos en la fábrica metalúrgica para la que trabaja, lo mismo que sus hijos mayores, que también colaboraron.