Con un elenco protagónico formado por Jorge Marrale, Mercedes Morán y Leonora Balcarce, esta semana llega a la sala del América la ópera prima de Lucía Cedrón, "Cordero de Dios". Premiada en el Festival de Sundance, la cinta tiene como contexto temporal 2002, aunque está centrada en hechos sucedidos en 1978.
En un ida y vuelta sostenido, el pasado se actualiza en el presente para resignificarse de manera constante. El disparador de la historia se ubica durante plena crisis económica del país, hace seis años. Arturo es un veterinario de 77 años, y sufre un secuestro. Su nieta, Guillermina de 30 años, tiene a su cargo la negociación con los secuestradores para el pago del rescate, lo cual la lleva a pedir ayuda a su madre, Teresa, que vive en Francia donde se exilió en los '70 a partir de la desaparición de su marido. Frente a esta situación, Teresa se ve obligada a regresar al país.
La trama se traslada, de ese modo, a 1978 cuando reinaba la euforia del Mundial de Fútbol. Por entonces, Teresa era una médica que vivía con su marido, Paco, y Guillermina. La pareja mantenía afinidades políticas con movimientos de resistencia a la dictadura, pero Arturo simpatizaba con el régimen de facto. Enfrentados en sus discrepancias, ambas generaciones tienen su punto de encuentro en la pequeña Guillermina.
Ahora, en 2002, la nieta y su madre se ven atravesadas por sus diferencias y deben asumir las negociaciones para la liberación de Arturo. Es aquí cuando el pasado tiene eco en la actualidad: ambas reviven el secuestro que Teresa sufrió por obra de las fuerzas parapoliciales. Y al mismo tiempo, Arturo mediaba ante las Fuerzas Armadas para su liberación.
Para Guillermina, salvar la vida de su abuelo secuestrado implica necesariamente redescubrir su historia personal y familiar.
En suma, "Cordero de Dios" resulta una realización comprometida con la humanidad de personajes que se ponen a prueba ante hechos que ninguno de ellos hubiese querido atravesar.
De la redacción de El Litoral