Escenarios & Sociedad: SOCI-05
SEÑAL DE AJUSTE
Pretty woman
Por Roberto Maurer

En las cercanías de la medianoche del domingo, en canal 7 aparece José Pablo Feinmann con un programa titulado "Cine con Texto", donde, más que de cine, habla de películas con ese aire de profesor de la Sorbona que siempre lo acompaña, aún en un baño químico. Involuntariamente, Feinmann ha perjudicado a la filosofía, ya que sus enemigos lo llaman "el filósofo kirchnerista", en una incriminación que arrastra a la barbarie a toda forma de pensamiento y a seres que ya no pueden defenderse, como Platón y Hegel.

Días pasados, su mediocre disertación fue sobre las prostitutas en el cine, al que suele circunscribir a Hollywood, ya que es manifiesta su repugnancia por Bergman, Antonioni y Kiarostami, por ejemplo, que figuran en su lista de denostados. El programa se ilustró con las prostitutas animadas por Julia Roberts en "Pretty woman", Jane Fonda en "Klute", Theresa Russell en "Whore" y algunas otras. Inesperadamente, se dedicó a hablar de Eva Perón, y de su representación en un insignificante y olvidado telelefilm con Faye Dunaway que se llamó "La mujer del látigo", y en la "Evita" de Madonna, donde aparecería como "una mujer que se ofrece a los hombres", en lugar de "una mujer a la cual los hombres buscan", en una confusa distinción de confesionario y, además, ajena a los hombres y las mujeres que "buscan".

PEQUEÑECES

Luego, Feinmann abandonó el terreno de la prostitución y pasó caprichosamente a otro sin conexión alguna, para hacer la defensa de la ropa cara que Evita alternaba con su tallieur cuadrillé para escándalo de una oligarquía, que no podía tolerar que una advenediza fuera vestida por Dior e incursionara en los exclusivos dominios de la alta costura. A la distancia, es un aspecto anecdótico de la historia, y algo así como analizar los conflictos de clase desde el punto de vista del probador de Paco Jamandreu.

Nadie criticaría el vestuario de Victoria Ocampo o Amalita Fortabat, porque sería lo "natural" a su condición social, se amargó Feinmann en su latosa disgresión, mientras reducía la política a una pelea entre vecinas envidiosas. Si la alternativa es Dior y el compromiso reside en las pilchas, podría decirse que Rosa de Luxemburgo, Frida Kahlo, La Pasionaria y Alicia Moreau de Justo se quedaron al margen de la historia.

Pero en su discurrir de trasnoche acerca del derecho de Eva Perón y Amalia Fortabat a vestirse con los grandes mandarines de la moda, el filósofo, que había comenzado con Julia Roberts, estaba queriendo llegar a alguna parte. En realidad, desenrollaba una alfombra roja para trasladarnos a una polémica de actualidad: ¿es lícito criticar las carteras de Cristina Fernández de Kirchner?

COQUETERIAS

A nadie debería importarle que la presidenta despilfarre en su guardarropa, si Evita hacía lo mismo, al fin. En el caso de Evita, había un ánimo de revancha que podía situarla en el campo de la transgresión, tal como fue interpretado por Sebreli y muchos otros hace ya más de cuarenta años. Cristina es linda, coqueta y pudiente, y parece natural que se tire todo encima. Eso sí, Feinmann no estableció diferencias entre las coqueterías de una y otra, ni profundizó en el contenido simbólico de la ropa, cuyo lujo en un caso puede resultar agresivo para las grandes señoras y en otro, a los pobres. Simplemente, tenía prisa por llegar al punto al cual finalmente llegó: la defensa del derecho a la elegancia de la presidenta, rindiendo tributo al oficialismo que lo ha honrado con el papel de gran visir de la intelectualidad kirchnerista. Y para eso dispone de lo que todavía siguen llamando la "televisión pública".