Erdosain
ÄEl ministro Sciara dice que no va a haber aumentos para los maestros y que los industriales tienen que pagar más impuestos -comenta José.
ÄEstá diciendo exactamente lo que pasa -contesta con rapidez Abel-. Para dar aumentos hay que saber de qué recursos se dispone y nosotros sabemos que hoy las finanzas provinciales están con luz amarilla.
ÄUstedes dicen que son socialistas, pero resulta que a la hora de la verdad dan los mismos argumentos que todos para justificar los malos sueldos.
ÄNo se dan los mismos argumentos que todos -retruca Abel-, nosotros queremos cobrar impuestos a los que más tienen. ¿O acaso nosotros tenemos la culpa de la inflación?
ÄPero cuando nosotros les quisimos cobrar impuestos a los terratenientes ustedes pusieron el grito en el cielo -contesta José.
Marcial, que acaba de llegar, dice: ÄNo confundir mate de leche con ropero provenzal. Una cosa es cobrar impuestos a la producción y otra, muy distinta, al patrimonio.
ÄTiene razón Marcial -digo yo-; para cumplir con sus obligaciones, un gobierno necesita recursos, y a esos recursos los obtiene cobrando impuestos. En una sociedad seria y equitativa los que más tienen son los que más pagan.
ÄExactamente al revés de lo que ocurre en la Argentina -remarca Abel.
ÄYo no exageraría -dice Marcial-. Sin embargo, comparto con vos que a la recaudación habría que hacerla más eficiente y más justa, pero en ese orden.
ÄLo que pasa es que los peronistas se ocuparon de hacer las cosas al revés. Se comportaron como unos irresponsables. No actualizaron los impuestos porque, total, después, la plata llegaba a través de los ATN y otras operaciones dudosas -dice Abel.
ÄVos siempre llegás a la misma conclusión -responde José-, la culpa de todo la tenemos los peronistas. Ustedes son unos angelitos.
ÄNi tan tan ni muy muy -dice Marcial.
ÄAngelito aquí no es nadie -digo yo-, pero convengamos que en los gobiernos también hay gente más decente y gente menos decente.
ÄEs verdad -apoya Marcial-, pero los decentes deben demostrar que gobiernan bien, porque del hecho de ser honrado no se infiere directamente que se gobierne bien.
ÄCon tu filosofía vamos a llegar a la conclusión de que los únicos capaces de gobernar son los ladrones y los atorrantes -se indigna Abel.
ÄYo no dije eso -contesta Marcial-. Lo que digo es que ser bueno es una condición, pero para gobernar bien hace falta algo más. Y si ese algo más no está... Lo que la gente hace es correr detrás del primer sinvergüenza que se le cruza.
ÄLo que decís es peligroso -observo.
ÄEs peligroso pero es cierto -enfatiza Marcial.
ÄUstedes dirán lo que quieran -interviene José-, pero ahora los que gobiernan la ciudad y la provincia no son los peronistas. Por lo tanto, no se pasen la vida criticando lo que hicimos y empiecen a gobernar.
ÄLo estamos haciendo -dice Abel.
ÄLo disimulan bien -señala Marcial.
ÄYo le pediría a mi amigo Abel que me dé un dato, sólo uno, de algo importante que hicieron desde que llegaron al gobierno -dispara José.
Abel mira como quien esfuerza la memoria para responder.
ÄLa pregunta es tramposa -digo yo-, los gobiernos no son empresas que publicitan sus actos como si estuvieran vendiendo una gaseosa.
ÄUn buen gobierno es invisible -dice Marcial.
ÄEl que gobierna es demasiado invisible -responde José.
ÄNo comparto -concluye Abel.