Un doble atentado que mató ayer a 17 personas e hirió a otras 150 en Estambul parece haber sido obra de separatistas kurdos, dijo el gobernador de la ciudad turca, pese a que los rebeldes negaron su responsabilidad.
En tanto, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, hizo hoy un llamamiento a la unidad del país, e insistió en que la posible suspensión de su partido AKP por parte del Tribunal Constitucional, actualmente a debate, ahora no es una prioridad.
Durante su visita al lugar donde se produjeron los atentados, Erdogan aseguró a los residentes que "nuestro problema no es si el AKP es cerrado o no. Nuestro problema en estos momentos es mantener nuestra unidad para que nuestro país vaya en una dirección diferente".
El gobernador de Estambul, Muammer Guler, dijo que la policía investigaba denodadamente el ataque, que ocurrió al caer la noche y fue el atentado más mortífero contra civiles en Turquía en cinco años.
"Parece haber un vínculo con la organización separatista. Estamos trabajando en eso. Esperamos llegar a una conclusión cuanto antes", dijo Guler a periodistas, citado por la agencia de noticias DPA.
Fuentes policiales anónimas ya habían especulado ayer con la pista kurda, pero hasta ahora ningún funcionario había vinculado el ataque con los separatistas, que buscan crear un estado independiente en zonas de mayoría kurda del sur del país.
Una agencia de noticias pro-kurda, Firat, citó a un líder rebelde que dijo que la organización de la que se sospecha, el ilegalizado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), no cometió el atentado.
Ninguna organización reivindicó el ataque, que según las autoridades fue un acto "terrorista". En Turquía operan varios grupos armados además de los kurdos, como islamistas radicales.
Incluso, las autoridades nacionales afirman que también hay grupos laicos extremistas que quieren derrocar al gobierno por las raíces islamistas moderadas del partido oficialista.
De hecho, el ataque ocurrió un día antes de que la Justicia decida si ilegaliza o no al partido gobernante, por sus supuestas intenciones de minar el laicismo tradicional que impera en el país, y se especuló con una probable relación entre ambos hechos.
Las bombas estallaron en el barrio residencial de Gungoren en una plaza donde la gente se reúne a la noche.
Quince personas murieron de inmediato y otras dos fallecieron durante la noche, informaron hoy fuentes médicas.
La mayoría de los 17 muertos y 150 heridos se registró cuando una multitud de curiosos se amontonó luego de un estallido inicial, de escaso poder.
Se trató del peor ataque en el país musulmán desde el 20 de noviembre de 2003, cuando atacantes suicidas vinculadas a Al Qaeda se inmolaron cerca de un banco y del consulado británicos de Estambul y mataron a 30 personas.
Cinco días antes, un doble atentado suicida con camiones bomba mató a 27 personas en dos sinagogas de la ciudad.
El grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) negó hoy estar detrás del atentado de Estambul, a pesar de que las autoridades turcas han comenzado a apuntar hacia esa dirección.
Uno de los dirigentes del PKK en Europa, Zübeyir Aydar, citado por la agencia de noticias pro kurda Firat, desvinculó hoy a su organización del atentado y lo condenó con fuerza.
Muchos medios de comunicación de Turquía especularon hoy con la posibilidad de que el ataque terrorista sea una respuesta del PKK a las operaciones militares contra las bases del grupo en el norte de Irak.
Las explosiones de ayer se produjeron el mismo día que el ejército turco lanzó un nuevo ataque contra posiciones del PKK en el norte de Irak y que un pequeño grupo de rebeldes kurdos intentó asaltar sin éxito una comisaría en la provincia sudoriental de Bingl.
Desde que el gobierno turco concedió al ejército la posibilidad de realizar operaciones transfronterizas en el norte de Irak contra el grupo armado kurdo el pasado noviembre, las incursiones aéreas y los bombardeos se han sucedido periódicamente.
Este permiso gubernamental tiene validez de un año.
El PKK se levantó en armas en 1984 para exigir la independencia de los 12 millones de kurdos que viven en Turquía y desde entonces más de 35.000 personas han muerto en la guerra no declarada entre los rebeldes kurdos y las fuerzas de seguridad turcas.