Opinión: OPIN-02 La historia de una anunciada oxigenación del Indec

Hugo E. Grimaldi (DyN)

El verbo oxigenar se ha puesto de moda como atributo de la ayuda para mejor respirar en política, enfocado en estos días hacia la acción del gobierno nacional. El Diccionario dice que se trata de "vigorizar una situación deteriorada, mediante la introducción de algún aporte innovador", por lo que entonces la decisión de Julio Cobos de votar "no" vigorizó de alguna forma el contexto, tras cuatro meses de crispaciones y, por su lado, la renuncia del jefe de Gabinete, Alberto Fernández apuntó a darle aire a la presidenta en su entorno más íntimo.

En tanto, Cristina Fernández acaba de hablar de "derrota momentánea", un reconocimiento algo débil pero que le suma algo más de oxígeno a la gestión, aunque compensó sus discursos de la semana haciendo una serie de críticas muy duras hacia la clase media, a la que considera perdida, fruto de su individualismo, y a la que acusó de creer que es "sólo producto de su propio esfuerzo, sin advertir que es el producto de un modelo económico que la ha generado como tal", seguramente refiriéndose al peronismo de los años '50. En el mismo plano de darle preponderancia a la base electoral justicialista, la presidenta revalorizó el rol de los más humildes, a quienes les dijo que tenían "sólo derechos" y se supone que, entre ellos, el de conservar el valor de la poca moneda que logran reunir a diario.

No obstante todas esas disquisiciones político-ideológicas, que transcurrieron con la reaparición de Néstor Kirchner en la tribuna después del revés del Congreso y de la salida abrupta de Fernández, buena parte de esa misma clase media que caceroleó, que procesa como una calamidad el problema inflacionario y que observa azorada cómo los meses pasan y no hay respuestas gubernamentales, pide más y ha puesto en la mira a Guillermo Moreno, a quien le adjudica el rol de ser el malo de la película. Su figura se ha convertido en un ícono de lo peor del gobierno, un López Rega económico del kirchnerismo y representa, como aquél, lo que el saber popular ha definido como "un pelotazo en contra" para Cristina, un verdadero salvavidas de plomo.

Moreno será seguramente el primero de la lista de los desplazados y aunque sus colaboradores dicen que "el jefe" sigue en funciones, cuentan que él mismo reconoce que no puede permanecer en su sillón sin erosionar aún más la imagen presidencial. Por eso, está esperando que le indiquen cuándo debe dar el esperado paso al costado.

La presidenta y su esposo aún no han decidido si han de entregar a los peones (y a algunos alfiles) de a uno en uno o si harán una zaranda con el tablero, caiga quien caiga. Fruto de su repliegue, está claro que ya no toman decisiones para anticiparse a los hechos, sino que están esperando a que la realidad les marque los tiempos, lo que desnuda su mayor debilidad.

También el secretario de Comercio ha tomado nota que la decisión política del Gobierno es que el Instituto de Estadísticas, que él mismo destruyó a pedido de Kirchner, intentará ser recuperado de cara a la opinión pública, al menos en las formas, a partir de la "reconstrucción" de la confianza de la gente, tal el verbo no ingenuo que utilizó Sergio Massa el viernes pasado, cuando explicó cómo se intentaría oxigenar el organismo.

La delegada de Moreno en el Indec, Ana María Edwin, habría renunciado ese mismo día por la tarde, después de haber escuchado al nuevo jefe de Gabinete y con ella se irían Hernán Brahim, José Luis Blanco y Rubén Zampino, todos morenistas de ley y patoteros de profesión, para los integrantes de ATE.

No obstante las loables palabras de Massa, propias de una escoba nueva que intenta barrer bien, que seguramente buscará vestir con ropaje de seriedad académica con algunos nombramientos que se producirán durante los próximos días, se verá hasta dónde puede avanzar. Desautorizar a Moreno es desautorizar a Kirchner y está claro que no se podrá avanzar hasta el hueso, sin mellar aun más la credibilidad del gobierno. Con sus declaraciones sobre el Indec, Massa podría haber caído en una trampa, ya que si sigue adelante, el flamante funcionario deberá tener en claro que se verá en graves problemas para cumplir con una restauración efectiva del Indec.

¿Por qué el gobierno nacional debería prescindir del secretario de Comercio si él hizo todo lo que se le pidió, sobre todo con sus manejos dentro del Instituto?, se preguntan sus habituales compañeros de ruta, los que suelen transitar como vigilantes los pasillos del Indec. Cual leal soldado de la causa kirchnerista y cultor de la obediencia debida, la acción del funcionario operó como una carambola a varias bandas: barrió debajo de la alfombra los índices de inflación, para evitar en primera instancia que se note su espectacular fracaso en los acuerdos de precios; mejoró las evaluaciones sobre el crecimiento; evitó que el Fisco tuviera que pagar durante los últimos 18 meses cerca de 40 mil millones de pesos en ajustes de bonos por inflación y empujó artificialmente a 4 millones de personas por encima de la línea de pobreza, para darle sustento al discurso de la redistribución del ingreso. Los hacedores de política más encumbrados dentro del gobierno han avalado el "método Moreno", el primero de ellos el ex presidente Kirchner, quien en alguna oportunidad dijo que los índices "eran perfectos". Más de una vez, el renunciado Alberto Fernández defendió lo indefendible, inclusive diciendo sin ponerse colorado que lo que ocurría era que "los precios se deben tomar en otros locales" diferentes a aquéllos donde compra la gente. Hasta un senador del riñón kirchnerista acaba de afirmar que, "gracias" a Moreno, la Argentina ha dejado de pagar ajustes por los bonos, lo que atribuyó a la especulación financiera, sin considerar que muchos de esos bonos son ahorros que tienen miles de futuros jubilados en las AFJP.

Para los cultores del setentismo más acérrimo, Moreno es todo un cruzado de heroicidad incomparable, capaz de luchar contra los intereses de la antipatria y del capitalismo salvaje.

Para sus críticos, aquel refrán que dice que "es preferible una mala persona a un ignorante" se escuchó más de una vez en el Congreso hace unas semanas, cuando el funcionario intentó dar cátedra de economía a la Cámara de Diputados, para desnudar de modo muy claro que su saber académico se había quedado estacionado en la década del '70 y que sus ideas jamás habían sido refrescadas por nuevas corrientes de pensamiento. Lo peligroso es que Moreno no es el único en el gobierno que cree como dogma de fe que lo que se presenta como un programa exitoso es parte de un modelo económico.