Mora Cordeu (Télam)
Más allá del pintoresquismo, el escritor catalán Jorge Carrión presenta en el libro "La piel de la Boca" un recorte multifacético y original del barrio coloreado por Quinquela, donde, a su juicio, se construye una modernidad anacrónica, paralela a la de Buenos Aires.
"De algún modo ha habido toda una corriente posmoderna que ha dicho que la unidad mínima de sentido para entender la persona es la ciudad. Yo creo que ya en el siglo XXI más que la ciudad sería el barrio", afirma Carrión.
Para entender La Boca, "no creo que sirva la misma teoría que sirve para entender Buenos Aires ÄcomparaÄ. Igual que para entender el barrio en el que me crié, Mataró, no sirve la misma teoría que en Barcelona", dice este hijo de inmigrantes andaluces que, en los años '60, se fueron a Cataluña.
A retazos, desde la percepción de por haber vivido más de seis meses en un conventillo del pasaje Zolezzi, con el testimonio de gente del lugar que va configurando una historia migrante o en el diálogo forzado entre García Lorca y Ortega y Gasset con Borges o Quinquela, Carrión logra capturar la esencia de un barrio que siempre vivió en los márgenes, por fuera del discurso oficial.
Un barrio, donde el aislamiento es una constante: "Me pareció muy significativa esa vía de tren que todavía hay en Almirante Brown, que te provoca que tengas que reducir la velocidad del taxi o del colectivo para entrar en La Boca a menos de 40 kilómetros, porque hay unos baches de susto. Una buena metáfora.
"Como cuento en el libro, ni siquiera pensaba visitar La Boca la primera vez que llegué a Buenos Aires, pero me di cuenta de que era el único lugar de la ciudad que no estaba hipertextualizado, me pareció que podía decir algo", señala el autor del volumen de crónicas "La brújula" y el libro de viajes "Australia".
La originalidad de un lugar que nada tiene que ver con Europa "me interesaba", remarca Carrión: "Y me interesa mucho la idea de que en la cultura argentina haya toda una fascinación por el simulacro, lo vacío, por la máscara. Caminito es una máscara, una invención absoluta, no tiene ningún tipo de tradición real, arqueológica detrás.
"Y es a lo que un viajero siempre aspira: ir detrás del decorado y descubrir lo auténtico. Para esto utilizo mucho la metáfora del detrás. Y mi interés por el teatro de Catalinas Sur y por las obras de ese grupo tiene que ver con eso: cómo el teatro permite ir detrás de la máscara aunque a priori sea lo contrario, una ficción, un carnaval", ejemplifica.
A la búsqueda de retratar un material esquivo, Carrión apunta a que La Boca "sería el lugar de la fundación mítica de Buenos Aires, aunque no haya sido reivindicado prácticamente como tal.
"Después, otro tema que me interesa y que intenté ordenar es una especie de crónica conventillo: como La Boca es indefinida y está siempre en expansión y en retroceso a la vez, mi crónica es un collage de materiales muy diversos, con el que trato de dar cuenta de esa precariedad, de esa inestabilidad de lo real", dice Carrión de "La Piel de La Boca", que acaba de publicar Libros del Zorzal.
Frente a la continua desaparición de los conventillos, el catalán considera que "se está demoliendo la memoria migrante de Buenos Aires. Yo creo que deberían ser declarados patrimonio de la Unesco. Rescatarlos. No hay nada igual en ningún lugar del mundo".
Según Carrión, "un viajero escritor no puede llegar con ingenuidad a un espacio, debe ser muy consciente de las miradas que lo han precedido. De modo que me informé mucho antes de escribir, tanto con entrevistas a gente del barrio como con lecturas más teóricas, para encontrar mi propia forma de verlo".
¿Dónde está la memoria? "Hay un punto en que la memoria como la historia no existen, pero se hacen intermitentemente presentes, de modo que, cuando empecé a pensar la idea del conventillo como un collage de momentos históricos y de memorias personales y colectivas, me di cuenta de que era un modo de fijar la memoria del lugar y de mi experiencia allí.
"En estos días ÄcomentaÄ he ido mucho a la Boca y me ha sorprendido la cantidad de cosas que ya no son como yo cuento en el libro. Por ejemplo, hay contenedores de basura; hace dos años, no; hay un bar cerca de Caminito con una estatua de Borges, que no pinta nada, porque Borges nada tiene que ver con el barrio, pero que en esta amalgama del turismo funciona y antes no estaba".
El paisaje de hombres trabajando en un Riachuelo lleno de barcos que inmortalizó Quinquela ya no existe: "La Boca es hoy un barrio atravesado por camiones, que van por dentro, por calles no preparadas para su paso. Los camiones ÄreflexionaÄ ocupan hoy el lugar simbólico de los barcos.
"El libro es un punto seguido, no un punto final, un registro histórico de la Boca Äun lugar muy desafiante y sobre todo un hogarÄ y de cómo era yo entre el 2003 y el 2005. La identidad es un viaje ÄopinaÄ y la única forma de entenderlo es textual, voy persiguiéndola a través de mis libros".
Al escribir, precisa Carrión, "no quería ser inocente, ni ir de una posición de descubrimiento, ni imponer un discurso como español; tampoco quería idealizar, mostrar una estampa. Es una impostura definir tajantemente o llegar a alguna conclusión: los viajes no se concluyen, la vida no es concluyente. Lo que doy son pistas y me interesa, sí, que el lector llegue a sus conclusiones".