Opinión: OPIN-06
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"Soy sola"

Las estadísticas del mundo occidental lo certifican claramente. En las regiones y las clases sociales que pueden permitírselo, hay cada vez más gente viviendo sola. Lo que las estadísticas no cuentan es cuántas de esas personas lo hacen por elección firme y consciente. "Soy sola", de Teresita Ferrari, bucea en esa soledad femenina que "cuando está instalada, se vuelve nuestra compañera". Es a la vez un registro y una constatación de una posibilidad armoniosa y hasta feliz de vivir esa soledad. Sin ocultamientos ni prejuicios, porque "aunque parezcamos seres absolutamente seguros de nuestra elección (los casados suelen mostrar más fácilmente sus fisuras emotivas), los solos tenemos una sensación ambivalente en el fondo del corazón.

Los privilegios y virtudes de la soledad pagan su peaje, un peaje monetario en primer lugar, ya que quien vive solo no comparte ningún casto. La mujer sola debe además soportar los lances de quien supone que estando sola puede estar desesperada por dejar de estarlo. O las tentaciones que ofrecen Internet, chats y similares compañías on line. O la tentación de munirse de esos amigos que no preguntan ni reprochan, las mascotas. Además, "lo cierto es que la soledad en la vejez no tiene casi ninguna de las aristas rosas que posee en la juventud y en la madurez".

Una pregunta crucial es: "¿La soledad se lleva mal con el sexo?". Ferrari contesta con un no contundente, y enumera los distintos casos y necesidades, aunque es claro que "el sexo es una de las cuestiones que verdaderamente se contraponen a la soledad". Porque si se encuentra una pareja, ¿hasta dónde permitirán las manías del solitario ese compartir?

La relación de quien vive sola con el teléfono, con las plantas, con la comida, con las enfermedades, con mucama, con el cuerpo, con las amigas, con los viajes es recorrido con agudeza por Teresita Ferrari, nacida en Gualeguaychú, Entre Ríos y radicada en Buenos Aires, donde trabaja como periodista. Publicó Longseller.