No soy de las que nacieron con una computadora en su casa ni en la escuela. La primera vez que tuve contacto con una PC fue en el secundario, cuando nos enseñaban D.O.S. y Lotus. El uso que le dábamos a la computadora era el de una máquina de escribir electrónica o de una calculadora que nos facilitaba hacer cuentas y gráficos estadísticos. Para mí, la verdadera revolución de la informática se dio de la mano de Internet.
Tenía 16 años, y un novio en Estados Unidos, cuando conocí la web. Él tenía una PC en su casa y conexión a Internet y me sugirió que consiguiera una computadora para comunicarnos más rápido.
En ese momento una carta de Santa Fe a Plymouth (Minnesota) demoraba 10 días; y una de allá para acá, una semana. Un mail... apenas unos segundos.
¿Cómo conseguir Internet en una ciudad donde no existían los telecentros, ni empresas que ofrecen los más variados servicios de Internet? íNi siquiera tenía una PC en casa!
Rastreé por todas partes hasta que descubrí que el padre de una amiga, gerente de un importante banco, tenía Internet en el trabajo. íEureka! Así pude recibir mi primer mail y contestarlo. Pero dependía de la "buena onda" de este señor, así que ese primer encuentro con la web no fue demasiado motivador. Preferí continuar escribiendo largas cartas que, aunque demoraban en llegar, me permitían expresarme con más facilidad y me resultaba más cómodo redactarlas.
Dos años después empezaron a proliferar los telecentros con apenas una o dos computadoras conectadas. Había que hacer cola para sentarse frente a la pantalla y tener mucha paciencia, porque la conexión era lenta y se cortaba de a ratos. En media hora, con suerte, uno podía enviar dos mails.
De aquellas conexiones lentas ha pasado sólo una década, en la que nuestras vidas fueron invadidas por el chat, los blogs y fotologs, Youtoube, Google, etc. En una época en la que "si no estás en Internet, no existís", cuesta creer que hace tan sólo diez años todavía nos sentábamos a escribir una carta.