Agencia EFE
Cuarenta años después del primer asesinato, cuyo aniversario se cumple mañana, la organización terrorista ETA, aunque debilitada, mantiene su actividad armada, en la que causó la muerte de 856 personas, la última el pasado mes de mayo.
El primer asesinato cuya planificación y ejecución se le atribuye fue la muerte del policía Melitón Manzanas, en la localidad vasca de Irún, junto a la frontera con Francia, el 2 de agosto de 1968, en la última etapa del franquismo.
Desde entonces, 856 personas perdieron la vida a causa de la actividad de esa organización que busca por las armas la independencia del País Vasco de España.
Una gran parte de las víctimas eran miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado (policías, militares, guardias civiles), pero también políticos, jueces, periodistas, empresarios y ciudadanos alcanzados por atentados indiscriminados con coche-bomba.
Su primera víctima, Melitón Manzanas, de 59 años, era jefe de la policía secreta de San Sebastián y represor durante la dictadura franquista. Tres etarras le esperaron a la puerta de su casa en Irún y lo mataron a tiros.
La última fue el agente de la Guardia Civil Juan Manuel Piñuel, de 41 años, que perdió la vida el pasado 14 de mayo al explotar una furgoneta-bomba en el cuartel de Legutiano, en la provincia vasca de Álava, donde prestaba servicio.
En estos cuarenta años de historia, han sido numerosos los miembros de la organización terrorista detenidos y encarcelados, hasta alcanzar en la actualidad la cifra de unos 500 en prisiones españolas, y de alrededor de 150 en Francia.
La banda reanudó su actividad tras anunciar el 5 de junio de 2007 la ruptura de la última tregua que había declarado en marzo de 2006, rota de hecho con un atentado, el 30 de diciembre de ese año, en la recién inaugurada Terminal 4 del madrileño aeropuerto de Barajas que causó la muerte a dos ecuatorianos, Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio.
Durante los catorce meses que duró el alto el fuego se produjo un intento por parte del primer gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de encontrar un fin dialogado a la violencia etarra, que fracasó al plantear la banda reclamaciones de carácter político.
Ese proceso de negociación produjo una enorme tensión política en España al oponerse frontalmente el conservador Partido Popular (PP), que acusó a Zapatero de debilidad frente a ETA y su entorno independentista.
Esa no fue la primera tregua declarada. Anteriormente, la organización terrorista anunció otra en septiembre de 1998, durante el primer gobierno del PP, con José María Aznar al frente del Ejecutivo. Entonces, el tibio intento de diálogo no prosperó y ETA reanudó de nuevo la actividad terrorista en noviembre de 1999.
Años atrás hubo otros intentos, el primero en 1982, cuando una de las ramas de la organización, la llamada ETA político-militar, abandonó la lucha armada tras una negociación con el gobierno de entonces dirigido por una formación de centro ya desaparecida (Unión de Centro Democrático).
El cuarenta aniversario del comienzo de su actividad, se produce en un momento en el que la banda, según el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, está debilitada, y sufrió un importante revés con la desarticulación del llamado "comando o complejo Vizcaya", su grupo más activo, al que se considera responsable de la mayor parte de sus últimas acciones.
Según se desprende de las declaraciones de los miembros del grupo detenidos y encarcelados, ETA planeaba una campaña de atentados contra hoteles, centros comerciales y de ocio en la turística región de Andalucía, ordenada por el que se considera el jefe de los comandos de la organización Garikoitz Aspiazu, Txeroki.
Además, el grupo desarticulado tenía entre sus objetivos a un juez de la Audiencia Nacional -el tribunal que juzga los delitos de terrorismo-, a un senador del opositor Partido Popular, a la Policía autonómica vasca y sedes de los dos principales partidos.
Pese a la detención del "núcleo central" de ese comando, las fuerzas de seguridad consideran que ETA podría tener más infraestructura y apoyos, ya que al menos dos de sus miembros están huidos, el "número dos" Jurdan Martitegi, y Asier Borrero.
Y aunque creen que la banda, debido a la fuerte presión policial y a la estrecha colaboración con Francia, está más aislada y debilitada que nunca, advierten también de que todavía "puede hacernos mucho daño" en palabras de Rubalcaba.
Euskadi Ta Askatasuna (en español, Patria Vasca y Libertad), conocida por sus siglas ETA, es una organización terrorista, autodeclarada independentista y nacionalista vasca, de ideología marxista-leninista, que invoca la lucha armada como método para obtener sus objetivos fundamentales en los que se encuentra de manera prioritaria la independencia de lo que el nacionalismo vasco denomina Euskal Herria de los Estados de España y Francia. Para ello utiliza el asesinato, el secuestro, la extorsión económica tanto en España como, ocasionalmente, en Francia.
Fundada por escisión de miembros del Partido Nacionalista Vasco, durante la dictadura franquista contó con el apoyo de una parte significativa de la población al ser considerada una más de las organizaciones opuestas al régimen, si bien tras el proceso democratizador iniciado en 1977, al cual no se incorporó, fue perdiendo apoyos públicos, siendo condenados sus actos y calificados de terroristas por la inmensa mayoría de las fuerzas políticas y sociales desde la aprobación del Estatuto de Gernika en 1979 hasta la actualidad en la que su condición terrorista es plenamente admitida por la inmensa mayoría de los Estados.
Los integrantes de ETA suelen ser llamados "etarras", un neologismo creado por la prensa española a partir del nombre de la organización y el sufijo vasco con el que se forman los gentilicios en euskera (en un primer momento, se les llamó "etistas"). En vasco, la denominación es etakideak, plural de etakide
Los miembros y partidarios de la organización frecuentemente utilizan también el término "gudaris" (gudariak en euskera), que significa guerrero, combatiente, etc. Era el nombre que recibían los combatientes nacionalistas vascos que lucharon contra el alzamiento de los nacionales durante la Guerra Civil de 1936 a 1939. El romanticismo de ese término proviene de que en la guerra civil, por medio de la prensa afín, se difundió que aquellos combatientes luchaban por Euskadi.
"Operación Ogro" es el nombre en clave con el que ETA denominó su más importante operativo militar que tuvo repercusiones en todo el mundo: el asesinato en 1973 del almirante Luis Carrero Blanco, importante funcionario del régimen franquista y presidente del gobierno español al momento de su muerte.
Los miembros de ETA se desplazaron hasta Madrid y alquilaron un sótano en el número 104 de la calle Claudio Coello; a partir de allí excavaron un túnel hasta el centro de la calzada, donde colocaron cerca de 100 kilogramos de explosivos que hicieron estallar el 20 de diciembre de 1973 al paso del coche de Carrero Blanco, quince minutos antes del inicio del juicio contra diez miembros del entonces sindicato clandestino Comisiones Obreras, conocido como "Proceso 1001".
La explosión, que acabó con la vida de Carrero Blanco, fue tan violenta que el coche voló por los aires y cayó en la azotea de un edificio anexo a la iglesia donde había asistido a misa momentos antes. Su hija Ángeles, que siempre lo acompañaba, no lo hizo ese día, lo cual evitó más muertes. También fallecieron otras dos personas, el inspector de Policía, José Antonio Bueno Fernández, y el conductor del vehículo, José Luis Pérez Mogena.
Carrero Blanco, pese a haber sido advertido de la posibilidad de sufrir un atentado se negó a aumentar sus escasas medidas de seguridad; su horario y sus itinerarios eran invariables y el coche en el que se desplazaba no estaba blindado.
El objetivo del atentado, según indicaba el comunicado en el que ETA asumía su autoría, era intensificar las divisiones entonces existentes en el seno del régimen franquista entre los "aperturistas" y los "puristas". Según declaraciones posteriores de Txikia, uno de los miembros del comando, Carrero Blanco era "una pieza fundamental e insustituible" del régimen y representaba al "franquismo puro".
"La ejecución en sí tenía un alcance y unos objetivos clarísimos -decía Txikia-. A partir de 1951 Carrero ocupó prácticamente la jefatura del Gobierno en el régimen. Carrero simbolizaba mejor que nadie la figura del franquismo puro y sin ligarse totalmente a ninguna de las tendencias franquistas, trataba de empujar solapadamente al Opus Dei al poder. Hombre sin escrúpulos, montó concienzudamente su propio Estado dentro del Estado: creó una red de informadores dentro de los Ministerios, del Ejército, de la Falange e incluso dentro del propio Opus Dei. Su policía logró meterse en todo el aparato franquista. Fue convirtiéndose así en el elemento clave del sistema y en una pieza fundamental del juego político. Por otra parte, llegó a ser insustituible por su experiencia y capacidad de maniobra y porque nadie lograba como él mantener el equilibrio interno del franquismo".
La única persona que supuestamente vio la cara al conocido como "hombre de la gabardina blanca" que entregó los horarios y rutas de Carrero Blanco en el Hotel Mindanao de Madrid, murió en 1978 a manos de una organización paramilitar, el Batallón Vasco-Español. Asimismo, uno de los presuntos autores materiales del atentado fue asesinado poco después.