Opinión: OPIN-04
Tribuna política
Renegando de las raíces

Dr. Carlos J. Rodríguez Mansilla (*)

Recientemente, surgieron dos "reclamos", muy a la moda, que llevan a la reflexión. Uno de ellos insta a eliminar los monumentos al general Julio Argentino Roca y toda mención de su nombre en billetes, calles, ciudades y rutas. El otro, quiere reemplazar el escudo de la provincia de Santa Fe.

Hay, por cierto, un hilo conductor entre ambos "reclamos". Se invoca que Roca fue un militar genocida que mató aborígenes, y que "la lanza victoriosa de los santafesinos sobre las flechas doblegadas de los indios", como dijo el Brigadier Estanislao López, es una afrenta a los pueblos originarios.

Se trata, por supuesto, de meros golpes de efecto, cargados de una ideología trasnochada, y de algo que nada tiene que ver con la verdad, con la realidad. Pero, ciertamente, a quienes impulsan esta clase de disparates poco les interesa la verdad.

No se puede hablar de "pueblos originarios", en la medida que el "hombre americano" no es originario de América, sino de Asia. Llegado a este continente antes que los europeos, pero no originario de estas tierras.

Practicar esa suerte de racismo biologista, que tanto predica Evo Morales, es un delirio que niega la realidad del entrecruzamiento de etnias, que es lo que realmente ha ocurrido en el país.

Se intenta, de mala fe, instalar un maniqueísmo absurdo, que consiste en establecer, sin derecho de apelación, que los indios son buenos y los blancos y militares son malos.

Soy criollo por parte de mi padre, descendiente de europeos por parte de mi madre, y muy probablemente tenga algo de indio, producto de las campañas a los ranqueles en Río Cuarto. Y como yo, millones de argentinos tenemos esas características. Aún desde antes de la gran inmigración que se produjo después de Caseros.

Y a partir de la Constitución de 1853, prosiguió ese proceso de acrisolar razas, produciéndose algo maravilloso y digno de tener en cuenta: todos somos y nos sentimos argentinos.

La nacionalidad no es un criterio biológico

La nacionalidad no es un criterio puramente biológico, materialista. Como la bandera, que es mucho más que un trozo de tela celeste y blanca. Se trata de un valor espiritual, que nos hace ser partes de un todo: la Nación. Acá hay gringos acriollados, gauchos judíos en Basabilvaso que saben pialar y poner un recado, "turcos" que bailan chacareras en Santiago del Estero, "polacos" de alpargatas en los yerbatales misioneros. No son menos argentinos que yo.

¿Qué nos une? Tantas cosas. La tierra, una misión histórica en lo universal que cumplir, y la historia. Sí, la historia. Porque aún el hijo de extranjero, hace suya nuestra historia. Aunque no lo sepa, aunque no se dé cuenta.

Y nuestra historia, nuestras raíces, no se pueden cortar de un plumazo, caprichosamente. No se puede sostener, racionalmente, que debemos remontarnos a los aborígenes y negar toda la historia que transcurrió desde la llegada del español.

No se puede borrar de la historia argentina al blanco y al militar, porque nos quedaríamos sin historia.

El 25 de Mayo de 1810 fue un pronunciamiento militar contra el virrey Cisneros, ejecutado por el coronel Saavedra, un patricio potosino, y fundamentado por otro militar del Regimiento de Patricios: Manuel Belgrano, hijo de un italiano y una criolla santiagueña, quien concurrió al Cabildo con su uniforme y su sable.

La Declaración de la Independencia, el 9 de Julio de 1816, fue provocada por el poderío militar del general San Martín presionando sobre los congresales que dudaban. Ese mismo general correntino, hijo de españoles, que encabezó el Ejército Libertador para cubrirnos de gloria en Chacabuco y Maipú.

Otros militares pelearon en las guerras de la Independencia y gobernaron este país: los generales Güemes, Rosas, Lamadrid, Pueyrredón, Las Heras, Alvear y Lavalle, (todos de noble linaje español), Bustos, Ibarra, López, Quiroga, Paz, Mansilla, Mitre, Heredia, Benavidez, Echagüe, Balcarce, los coroneles Dorrego y Pringles, el almirante Brown (un irlandés), el capitán Bouchard (un francés), el brigadier general Arenales (un español). En el siglo XX, los generales Mosconi (hijo de italianos) y Savio impulsaron el petróleo y la siderurgia, y el brigadier San Martín la industria aeronáutica ¿Qué hacemos con todos ellos? ¿Los mandamos a la hoguera?

Ejército guerrero, conquistador y colonizador

Al general Rosas, lo sucedieron varios militares. Urquiza era general, también lo eran Mitre, Roca, Perón. Y en los períodos de facto, gobernaron los generales Uriburu, Justo, Ramírez, Farrell, Lonardi, Aramburu, Onganía, Lanusse, Videla, Viola y Bignone. En la historia del país, hubo más militares que civiles gobernando. Antes y después de Caseros, en regímenes constitucionales y de facto. Rosas y Roca fueron elegidos en dos oportunidades, Perón en tres.

Rosas primero, y Roca finalmente, en sus campañas al desierto, trazaron los límites territoriales del país, evitando los planes expansionistas chilenos que financiaban y armaban a la indiada. Miles de cautivos fueron rescatados. Se ocupó el territorio nacional, se pobló y se colonizó. Se fundaron poblaciones, entre las que se destaca Bahía Blanca y Azul por Rosas. Fueron incorporadas a la producción agrícola y ganadera enormes extensiones fértiles. Se instalaron guarniciones militares, y construyeron caminos, escuelas, puentes e iglesias. El Ejército, que nos había dado la independencia, fue guerrero, conquistador y colonizador. También sus hombres supieron legislar en momentos cruciales: López sancionó en 1819 la primera carta constitucional del país: el Estatuto Provisorio de Santa Fe. Y Rosas y López firmaron en 1831 el Pacto Federal, base de la Constitución Nacional.

Guste o no, la Patria se hizo con el sable. Negar esta realidad es renegar de nuestros orígenes, de nuestra historia y de nuestras raíces. ¿Para qué? ¿Tal vez para emplear argumentos ideologizados, que pretenden equiparar la "lucha de clases" marxista con la "lucha de razas", que esgrime el señor D'Elía? ¿Para sostener que los militares "siempre fueron genocidas", como afirma la señora Bonafini?

Decía Edmund Burke que los pueblos que reniegan de sus antepasados jamás lograrán proyectarse a la posteridad. No permitamos, entonces, que estas renovadas expresiones de barbarie arrasen con lo nuestro y nos desvíen del camino de grandeza.

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