Cuando, gracias a Luis Cobos, el enfrentamiento entre el gobierno nacional y el campo, casi llevado al caos por desacertadas decisiones de la binarquía gobernante, comenzaba a descomprimirse, el flamante secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, removió el rescoldo y dijo: "No tenemos ningún problema en empezar a reunirnos con las entidades rurales, pero la institucionalidad que se le puede dar a la mesa de enlace terminó en el Congreso con el rechazo a la resolución 125", si alguien esperaba un indicio de acercamiento Cheppi lo tiró por la borda.
La institucionalidad de la Mesa de Enlace está dada por la gran adhesión popular en sus actos de reclamos (sociedad urbana y rural con sus respectivas clases medias juntos en las grandes manifestaciones) y no por el rechazo a una resolución confiscatoria. Esta institucionalidad no tiene plazo de vencimiento, ni nadie puede arrogarse el derecho omnipotente de determinar, unilateralmente, la fecha en que los cuatro gremios rurales (SRA, CRA, Federación Agraria y CONINAGRO) deban concluir con la Mesa de Enlace, salvo que la estofa de la orden emanada, revista de la máxima maquiavélica "DIVIDE UT REGNES" (divide para reinar).
Los productores agropecuarios esperaban definiciones sobre la problemática cárnica que ya lleva cuatro años de disminución del stock ganadero, sin planes para reactivar la cría y engorde, con trabas aduaneras, con cierre de mercados, con liquidación de vientres, la futura distribución de la conflictiva Cuota Hilton, etc.; en lo relativo a la agricultura sobre la estrategia para evitar la merma en las siembras de trigo y maíz (este último, pese a la fuerte demanda interna de forraje), sobre el aumento de los costos de los insumos, las demoras en los embarques, la inviabilidad para que Argentina participe en proyectos mundiales de biocombustible, el ordenamiento territorial para incentivar la "desojización", etc.; desde la óptica lechera, vislumbrar alguna solución para contrarrestar la disminución de la rentabilidad y de producción y el cierre de nuevos tambos (ya se retiraron de la actividad mas de 14.000 explotaciones), la leonina diferencia entre el precio exportable y el de consumo interno de la leche en polvo, etc., fárrago que se traslada a los porcinos, ovinos, horticultura, citricultura y toda actividad originada en la explotación de la tierra.
Carlos Cheppi tendría un plan integral para el sector agropecuario, que ya estaría en manos de la presidenta. Asoma la primera incongruencia: si es integral ¿Cuál es el motivo para explicarlo cuatro veces?. Maquiavelo tiene la palabra.
Eloy Rodríguez