Nosotros: NOS-08
De Raíces y Abuelos
Crónicas de trébol y luna creciente
Familia Zeiter. Con satisfacción personal, Daniel Zeiter contó que está a punto de salir de la imprenta su libro de historia familiar, titulado "Crónicas de trébol y luna creciente: historia y relatos de la familia Zeiter - Sattler". A continuación transcribimos un resumen enviado por su autor. textos de Daniel Zeiter

"Crónicas de trébol y luna creciente" es el retrato de una familia típica de los ambientes rurales en los comienzos del siglo XX. A priori el título no permite intuir la temática del libro, pero éste cobra sentido si se tienen a la vista los escudos familiares de los Zeiter y los Sattler.

Tanto Johann Zeiter y Theresia Griesser como Moritz Sattler y Theresia Ambord eran ciudadanos suizos que se vieron en la necesidad de buscar nuevos horizontes para asegurar un mejor porvenir para sus familias.

Se asentaron en una de las colonias fundadas poco antes por inmigrantes valesanos: San Jerónimo Norte. De esas dos familias descienden Felipe Pedro Zeiter, nacido el 29 de junio de 1875, y Adela Sattler, nacida el 7 de noviembre de 1878. Moritz Sattler, padre de Adela, tuvo en 1893 una activa participación en un suceso, de sorprendente similitud con una cuestión que -en estos últimos meses- ha tenido gran trascendencia en nuestro país. Se trató de "la revuelta de Humboldt" y se originaron en una ley provincial que gravaba con un impuesto de 10 centavos la venta de cada quintal de trigo y de lino, promulgada por el entonces gobernador Juan M. Cafferata.

Esta medida chocó con la frontal oposición de los colonos, y cuando uno de los cobradores del impuesto llegó a Humboldt se encontró con la negativa de quienes debían tributar. El cobrador regresó con la fuerza policial, pero se encontró con un nutrido grupo de colonos armados, ante lo cual optó por retirarse.

Días después se supo que el propio ministro de gobierno se dirigía a Humboldt al frente de fuerzas más numerosas, con lo cual la tensión llegó al máximo. Colonos de todo el centro provincial se trasladaron a Humboldt, dispuestos a defenderse de lo que entendían era un abuso del gobierno.

Afortunadamente no se produjo un enfrentamiento armado, pero mediante un deshonesto ardid del ministro, los cabecillas de la revuelta fueron apresados y conducidos a Santa Fe. Entre ellos estaba Moritz Sattler. Al día siguiente, todos los colonos apresados fueron indultados por el gobernador, conducidos en tren hasta la estación de Las Tunas, y llegaron triunfalmente hasta la colonia San Jerónimo.

Felipe y Adela

Aunque los inmigrantes valesanos estuvieran radicados en alguna colonia circundante a San Jerónimo, igualmente se consideraban parte de ésta última. Algunos, como el caso de Johann Zeiter, podían radicarse durante algunos años en lugares más distantes, pero al final de su vida retornaban a aquélla, su "colonia valesana".

En 1896, Felipe Zeiter fue parte de la primera conscripción obligatoria del ejército argentino. Muchos años después, Edmundo (uno de sus hijos) todavía conservaba una medalla conmemorativa, en cuyo anverso se lee "Honor a los jóvenes soldados de la Guardia Nacional' y en el reverso "La Provincia de Santa Fe a sus conscriptos de 1896'.

No podemos saber cómo fue que Felipe y Adela se conocieron. Quizás fue en la escuela primaria de Santa María o al salir de la misa dominical, de obligada asistencia. Lo que sí sabemos es que el sacerdote Miguel Kandelbinder los casó un ya lejano domingo 30 de marzo de 1902.

Felipe siempre estuvo en contacto con el campo y sus labores, motivo por el cual la mayoría de los trabajos que realizó se desarrollaban en ese ambiente. Era común que se desplazara temporalmente a otros pueblos del centro provincial, y cuando el traslado era por un tiempo prolongado, la familia iba con él. Pero eso, no todos los hijos nacieron en San Jerónimo Norte.

El matrimonio tuvo diez hijos: Mauricio (1903), Paulina (1904), Eduardo (1905), Alfonso (1907), Benito Adolfo (1908), Susana (1910), Amalia (1912), Edmundo Agustín (1913), Catalina (1915) y Pablo Pedro (1917).

Aproximadamente hacia 1914, la familia regresó de Colonia Nueva a San Jerónimo, donde permaneció alrededor de 5 años. Por esa época, Felipe tenía un reparto de pan por el campo, que realizaba diariamente en un carruaje tirado por dos caballos, conocido como "toldera". Al atardecer, luego de las obligaciones diarias, se acercaba hasta el Club Católico, donde jugaba con sus amigos unas partidas de "jass" (se pronuncia iass), un juego de cartas muy difundido por entonces entre los valesanos.

Hacia fines de 1917, Adela recibió en herencia dos concesiones de campo, en Santa María Norte. Felipe, con la ayuda de los hijos mayores y algunos peones, construyó allí una casa. Esa fue quizás la etapa más feliz de la familia, ya que si bien el trabajo era mucho, esta vez era en su propio beneficio.

Murió trabajando

La vida que llevaban era laboriosa pero tranquila y exenta de ansiedades y sobresaltos. Esa rutina sólo se veía alterada cuando llegaba alguno de los hermanos de Felipe con su familia. Esas jornadas eran una fiesta: se ponían a prueba las capacidades musicales, para arrancarle a las famosas "verduleras" y acordeones las viejas melodías de valses y polcas que sus padres habían traído de Europa, mientras que los niños aprendían antiguas canciones valesanas.

En ese ambiente de inmigrantes se hablaba poco el castellano (idioma que los pequeños empezaban apenas a aprender y entender en la escuela). En el hogar sólo se hablaba el dialecto valesano, el "Wallisertitsch".

Pero por desgracia esa vida tranquila y armoniosa no duró muchos años. El 18 de julio de 1921 Felipe Zeiter, de sólo 46 años, murió trabajando en el campo. En esa época, los pastos no se guardaban en fardos o rollos, sino que se almacenaban en parvas, bien apretujadas para evitar que la lluvia penetrase y pudriese el pasto. Felipe estaba cortando forraje de una parva, cuando le llegó la muerte fulminante, a causa de lo que entonces se conocía como "síncope cardíaco".

Dos días después fue sepultado en el cementerio de San Jerónimo Norte, tras la misa oficiada por el sacerdote Miguel Kandelbinder. A pesar del dolor, su viuda supo seguir adelante con los hijos, y continuó una etapa de prosperidad y crecimiento.

Siete años después de enviudar, Adela decidió volver a casarse. Todavía joven, tenía plena libertad de hacerlo. Pero se encontró con la frontal oposición de los hijos mayores a causa de quien sería su nuevo esposo: Esteban Zeiter, hermano de Felipe, quien había enviudado años antes. Pero Adela estaba decidida, así que se casó por segunda vez, el 21 de marzo de 1928. Pero el nuevo matrimonio no habría de durar, pues el destino le reservaba un desenlace cruel y artero. A apenas 43 días de celebrado, Adela murió víctima de pulmonía, el 3 de mayo.

Pérdida incomparable

Para los niños, la pérdida de su madre tuvo un efecto devastador. Fueron recibidos y criados por sus hermanos mayores, ya casados. Paulina se había casado en 1924 con Juan Ambord, Mauricio en 1926 con Luisa Ambord, y Eduardo en 1927 con María Perren. Posteriormente, Benito Adolfo se casó en 1932 con Ana Colomba, Susana en 1930 con Manuel Vaillard, Edmundo Agustín en 1957 con Amparo Aparicio, y Pablo Pedro en 1948 con Erminda Eberhard. Alfonso murió siendo un pequeño, en tanto que Catalina y Amalia murieron jóvenes, todavía solteras.

Casi todos los hermanos llevaron una vida sencilla, laboriosa y tranquila, en la zona circundante a San Jerónimo Norte. Pero uno de ellos, Edmundo Agustín, tenía otros proyectos. A los 18 años se trasladó a Rafaela, donde trabajó en la imprenta Los Sembradores, y en el diario El Liberal. Luego del servicio militar, en el Regimiento 12 de Infantería, se trasladó a la Capital Federal.

Allí fue director de la revista "La gaceta textil", y entre 1946 y 1968 fue empleado de carrera en una de las direcciones de Presidencia de la Nación, en la famosa Casa Rosada. Allí estaba el 16 de junio de 1955, cuando las aeronaves de los militares golpistas bombardearon la casa de gobierno, pero tuvo la suerte de poder escapar por los túneles bajo la Plaza de Mayo.

Con la muerte temprana de Felipe y Adela los viejos sueños de una familia feliz y unida quedaron irremediablemente truncos. Pero fueron finalmente reemplazados por nuevas esperanzas. De aquella familia surgieron siete nuevas, y de ellas muchas más, que hoy residen en distintos lugares de cuatro provincias argentinas.

Historias de un cantón suizo

Varias familias

El relato de este libro comienza en la vieja Europa, diez siglos atrás, con la conformación del que fue primero un obispado, luego una república independiente, y hoy es el cantón suizo Wallis o Valais (en la acepción francesa).

El libro incluye un detalle de cuatro apellidos de esa región alemana: Zeiter, Griesser, Sattler y Ambord, cada uno con su origen e historias particulares. El apellido Zeiter por ejemplo, es uno de los más antiguos del cantón, ya que la primera mención escrita data de 1222.

También incorpora cuadros genealógicos, de los cuales el más antiguo se remonta hasta 1530. La elección de los cuatro apellidos no es casual -aclara-, ya que la parte principal de la obra se centra en el matrimonio de Felipe Zeiter y Adela Sattler, hijos de Johann Zeiter y Theresia Griesser, y de Moritz Sattler y Theresia Ambord, respectivamente.

En la actualidad, el cantón Wallis o Valais es una región próspera, con un alto nivel de vida para sus habitantes, famoso por sus vinos y la excelencia de sus lugares turísticos. Pero, a mediados del siglo XIX, la situación era notablemente distinta, cuando el fenómeno de la superpoblación y la escasez de recursos obligaron a muchos de sus ciudadanos a vender sus bienes y emigrar a otros países.