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SALUD
Durmiendo con el enemigo
Ácaros y alergias. Los ácaros son seres microscópicos que se encuentran por millones en el polvo de nuestros hogares, en especial en los dormitorios, muebles tapizados y muñecos de peluche. Ellos son los responsables de dolencias como el asma alérgica, por lo que es necesario saber cómo combatirlos. textos de María Luisa Rubio. + por Revista Nosotros

Los ácaros, esos minúsculos artrópodos, están relacionados con las arañas y los ácaros de la sarna. Existen numerosas variedades y se desarrollan en condiciones óptimas en climas cálidos y húmedos.

Algunas personas son especialmente sensibles a estos seres, que les producen alergias como irritación ocular, moqueo, tos, dermatitis atópica y asma.

El dormitorio, residencia perfecta

Los ácaros se encuentran prácticamente en todas partes, también en plantas y animales, y por lo general se alimentan de ellos. En nuestras viviendas, el dormitorio constituye su residencia perfecta, ya que les proporciona calor, humedad y comida.

Cada persona desprende cada día al menos un gramo de pequeñas partículas de escamas de piel muerta, de las que se alimentan los ácaros que viven en los colchones, almohadas, mantas y sábanas.

El ser humano pasa en la cama alrededor de una tercera parte de la jornada, y el calor y humedad que desprende proporcionan un excelente hábitat para los ácaros.

Las alfombras, cortinas y muebles tapizados son otros lugares donde el polvo se acumula y crea buenas condiciones para la proliferación de ácaros.

Los muñecos de peluche preferidos de nuestros hijos, aquellos con los que duermen, a los que abrazan y llevan de un sitio a otro durante todo el día son, también, los preferidos de los ácaros.

Alergia al polvo

La alergia al polvo es, en realidad, alergia a los ácaros, no tanto a los vivos, sino a las deposiciones de éstos y a los que ya están muertos.

Estos artrópodos tienen una vida de dos o tres meses, y durante su existencia realizan una o dos puestas de alrededor de 40 huevos cada una.

Los climas cálidos y costeros facilitan la proliferación de ácaros, que resisten mal la altitud, donde las temperaturas son más extremas y hay poca humedad.

Las condiciones más apropiadas para su propagación son más de 20 grados centígrados y más del 70 por ciento de humedad.

Por eso, primavera y otoño, las estaciones que suelen traer más lluvia y temperaturas más suaves, son también aquellas en las que se disparan las alergias.

Luchar contra los ácaros

Acabar con los ácaros es una labor prácticamente imposible, pero sí se puede luchar contra ellos y extremar las medidas de limpieza en las épocas de cambio de estación.

Si los dormitorios de los adultos son lugares excelentes para la proliferación de ácaros, la cuna de los más pequeños es un sitio inmejorable por las condiciones de calor, humedad y los muchos muñecos donde alojarse.

Por eso hay que limpiar y airear con frecuencia colchones y almohadas, en especial los de los niños, y cubrirlos con fundas especiales.

Es aconsejable pasar regularmente la aspiradora por todas las superficies que puedan acumular polvo en su interior, como colchones y muebles tapizados.

Para los casos más graves de alergia al polvo, se utilizan purificadores de aire y los filtros HEPA, que se desarrollaron durante la II Guerra Mundial y que son capaces de filtrar prácticamente el cien por ciento del polvo.

Mantas, cortinas y alfombras deben someterse a limpieza industrial al menos una vez al año. La ropa de cama tiene que cambiarse cada cuatro o cinco días y lavarse con agua caliente para acabar con los ácaros.

Las personas con problemas de alergias tienen que prestar especial atención a la eliminación del polvo. El aumento de los casos de alergias en el mundo, debido a causas que van desde la contaminación ambiental a los alimentos manufacturados, han popularizado la utilización de acaricidas en los hogares. Se trata de preparados inocuos para el ser humano y constituyen un buen arma para luchar contra este enemigo microscópico.