íApaguen esa luz! Hay muchos que no soportan la luz, son fotofóbicos, o requieren iluminaciones específicas, o viseras, o cortinas, o veladores... espero que alguien me ilumine para sacar adelante este texto.
Por Néstor Fenoglio
"Voy a apagar la luz/para pensar en ti" (....) Bolero, Armando ManzaneroHay gente para todo: donde hay más de dos personas en una habitación, seguro que se producen conflictos, a veces expresados (así surge la idea del asesinato, por ejemplo), a veces ignorados. Uno de los puntos de conflicto en la vida moderna es la luz. Bueno, la luz, la luz...dicho así suena muy sustantivo, muy religioso, muy filosófico y aquí felizmente no tenemos tantas pretensiones. Nos referimos concretamente al grado de iluminación de una habitación y al mambo que cada persona tiene con ella.Aquí, por ejemplo, en mi trabajo, a las dos de la tarde viene Enrique y apaga todas las luces que puede o que le permitimos. Si por él fuera, trabajaría a oscuras (toda una postulación filosófica, también). Claro, si repasamos, algo de razón el pobre, tiene: en una oficina más o menos cerrada y con poca luz exterior, las agresiones electrónicas son muchas. En las oficinas del mundo impera hoy este modelo: luz fluorescente, televisores, computadoras. Todo artificial, todo generando una suerte de luz de sala de velatorio que puede incomodar, además del dato de que progresivamente van cambiando nuestra visión periférica de animal al aire libre; por otra, cultural, de ojos focalizados en una pantalla y recibiendo flashes y estímulos constantes... Luces artificiales y calefacción: a veces parecemos pollitos a los que se le da ese aparente bienestar para que produzcas un poquito más.Pero es lo que hay. Gente como Enriquito, necesita viseras, lentes para atenuar la luz, protectores y filtros de pantalla especiales y, por último, un espíritu entre conciliador y camorrero para negociar el apagado o no de cada una de las lámparas...Hay gente que necesita más luz. En un matrimonio puede ocurrir que el señor requiera de un foco importante para leer en la cama, y la señora en cambio deba ponerse esas simpáticas e inquietantes anteojeras de tela, casi una mortaja (te regalo también la parte filosófica de renunciar a la luz, de tapiar los ojos, de reposar o ensayar para la muerte...), o que existan verdaderas batallas que insten al otro a apagar la luz, carajo, de una buena vez.Conozco una persona que necesita tapar absolutamente cualquier ingreso de luz, no sólo para dormir. Así, las cortinas de su casa son pesadas y oscuras para tratar de cumplir el mandato de que ningún rayito se filtre y lo asalte.El diseño acompaña estas percepciones diferenciadas: ahora hay una tendencia a iluminar rincones, a velar determinadas zonas. En las casas de campo y todavía ahora, nadie se salva de un foco grandote en el medio de la pieza y andá a quejarte a Edison. Luz para todo el mundo o, cuando tu viejo venía y bajaba la perilla de un castañazo admonitorio, oscuridad para todo el mundo. Era literalmente, blanco o negro, sin tantos complejidades grises... Ahora en cambio, vienen unos veladores y lámparas magníficas que permiten contar con luz en un determinado punto.Pero en el ámbito laboral, la lucha de los sentidos es cruel: se combate por la temperatura ambiente, por la luz, por los ruidos y si a esos factores se le adicionan personas y por ende diferentes percepciones combinadas sobre ellos, el conflicto está asegurado. Todo puede zanjarse con la orden fascista y democrática al mismo tiempo (hoy vemos ejemplos de ese tipo en nuestros gobernantes a cada rato, no hay problemas en entender esa aparente contradicción) de apagar las luces o encenderlas a todas sin posibilidades de modalización individual. Y, Enriquito, si querés, ponete un casco con cortinas.