El gobierno nacional se sigue equivocando. O persiste en mantener un diagnóstico equivocado de la realidad. La derrota política en el Senado no parece haber influido en su toma de decisiones básicas. Las designaciones de nuevos ministros y secretarios de Estado se visualizan más como una contradicción o fuente de nuevos conflictos que como el punto de partida de un nuevo criterio de gobernabilidad.
Las recientes declaraciones de Sergio Massa cuestionando la gestión en el Indec o proponiendo entrevistas con dirigentes opositores al gobierno no han caído bien en los círculos oficialistas. Sus relaciones con peronistas disidentes y su propuesta de dialogar con ellos han provocado el mismo resultado. Aún es muy pronto para elaborar un juicio consistente al respecto, pero, tal como se presentan los hechos, da la impresión de que los aires renovadores de Massa no van a atravesar la dura corteza del gobierno nacional. En consecuencia, es probable que su destino se aproxime al de Lousteau .
Con respecto al flamante secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, la impresión favorable que produjo su designación atendiendo a su trayectoria profesional en el Inta pronto se vio eclipsada por su persistencia en desconocer la representatividad y organicidad de la Mesa de Enlace. Su propuesta de recibir a los dirigentes rurales por separado es, además de ingenua, ineficaz y torpe. A nadie escapa que detrás de esta conducta están los operadores del gobierno nacional, que siguen viendo en los dirigentes del campo a sus enemigos.
La negativa a participar en la Feria de Exposición Rural y los públicos desaires a esta tradicional fiesta confirman que los Kirchner no han asimilado la derrota y no están dispuestos a aprender de las experiencias vividas. Algo parecido puede decirse de sus relaciones con los gobernadores. Al respecto, el mandatario de Córdoba, Juan Schiaretti, ha hecho públicas sus quejas por la negativa del gobierno nacional a enviar recursos a una de las provincias más importantes del país. Algo parecido puede llegar a ocurrir con el gobierno de Santa Fe. Por lo pronto, el gobernador Hermes Binner ha manifestado que, lamentablemente, las condiciones favorables al diálogo aún no se han dado.
Las relaciones con el vicepresidente Julio Cobos continúan sin resolverse. En los círculos del oficialismo, el dirigente mendocino sigue siendo considerado un traidor, y si no han tomado decisiones más drásticas en su contra, es porque carecen de espacio político para hacerlo. Por su parte, las recientes declaraciones de los dirigentes radicales K hacen pensar que el proyecto de la denominada transversalidad sigue en crisis y no hay señales de que se vaya a recomponer en lo inmediato.
En este contexto, urge que el gobierno de los Kirchner tome nota de lo que está ocurriendo y actúe en consecuencia. La defensa de la institucionalidad es una exigencia para toda la sociedad, pero, en primer lugar, es una exigencia para el propio oficialismo. Cualquier argentino conoce esta verdad política elemental. Sin embargo, los Kirchner se empeñan en adherir a la teoría del conflicto, que presupone la búsqueda de un enemigo.