Una historia argentina del cuerpo, de los sentidos, o como su propio autor especifica, "sobre cómo veían, oían, tocaban, gustaban y olían los que vivían en Buenos Aires cuando la Argentina no era la Argentina". "Celebrar los sentidos", de Ricardo Lesser, editado por Longseller, completa la trilogía titulada "Historia del cuerpo en el Buenos Aires colonial", iniciado con el estudio del cuerpo erótico y seguido por el cuerpo mortal. Ahora es el turno de acercarnos a esa otra forma de experimentar, conocer, gozar y dolerse del mundo, esa experiencia que donan los sentidos y que cambian con el tiempo, porque el mundo y sus estímulos y condiciones cambian.
Lesser estudia en primer lugar los códigos gestuales del cuerpo, el tacto y la proxemia, el diálogo de los cuerpos en el baile, los tocadores profesionales (los médicos, las matronas, los barberos), para luego pasar al sentido del oído, las distancias del habla, el idioma de los esclavos, el silencio conventual, las campanas sagradas y los sonidos del tiempo.
El gusto, el patrón alimentario, los sabores, y el olfato ocupan los siguientes capítulos. Buenos Aires olía mal por entonces: "Había dos mapas de Buenos Aires. Uno era el mapa chato de los cartógrafos. Otro, el mapa de dolores que dibujaba el viento. Cuando soplaba del Este, la humedad del río trepaba la barranca, pisaba el ancho suelo estéril de la Plaza Mayor y se perdía entre las casas bajas. Cuando soplaba del Oeste, el Pampero levantaba el polvo sobre el polvo de las calles. Cuando soplaba del Norte, traía el olor a podrido de las cabezas de los animales que dejaban las carretas en su trayecto desde los mataderos... Si no había viento, se sentía el hedor de las inmundicias que se descomponían en los zanjones naturales...".
La vista y la representación, el deseo de ver, el ojo impúdico, la vista y la ficción, y un epílogo sobre "la verdad de los sentidos" completan el panorama.