Los tiempos parlamentarios son lentos. La afirmación parece ser irrefutable y existen razones históricas y políticas para que así sea. Esa lentitud alcanza tanto a los temas en debate como a la ocupación de los espacios físicos a partir de cada renovación de integrantes de los cuerpos.
En diciembre del año pasado, después de 24 años, hubo un cambio de color político en la provincia de Santa Fe que se expresó además en el cambio de mayoría en la Cámara de Diputados. Debido a esas constantes históricas, las oficinas principales de esa cámara pertenecieron al bloque Justicialista que siempre ostentó la mayoría. Por cuestiones de comodidad y de tradición esos despachos siguen siendo ocupados por legisladores de esa fuerza política, excepto una oficina, la destinada al presidente del bloque.
Es que el pasado miércoles, únicamente esa oficina y la antesala pasaron a estar destinadas al socialista Raúl Lamberto, presidente de la bancada del Frente Progresista, Cívico y Social. De la austera oficina apenas hubo cambio en el color de las paredes y desaparecieron los cuadros de las históricas figuras del justicialismo, Juan Perón y Eva Duarte. Algún otro ocupante anterior supo adornarla con cuadros de alguno de los ex presidentes Carlos Menem o Néstor Kirchner y otros con retratos del gobernador de turno. Hasta ahora, Lamberto no ha colocado la foto de Hermes Binner.
Lo extraño es que la oficina quedó encapsulada. Hacia el norte, apenas una puerta la separa de los despachos que siempre ocuparon los diputados radicales. Hacia arriba, en un entrepiso sigue estando el despacho del justicialista Marcelo Gastaldi. Hacia el sur, las restantes oficinas de la bancada justicialista.
Así a más de siete meses de iniciado el período de cuatro años, el jefe de la bancada oficialista de Diputados consiguió tener su propio despacho ya que hasta el receso invernal compartía las oficinas con sus pares socialistas en la planta alta del viejo edificio legislativo.