Señores directores: Nuestro país está viviendo actualmente un momento histórico insólito e inédito, de bronca, desilusión y decepción, que moviliza a toda la población buscando justicia, castigo de los culpables y soluciones verdaderas, positivas y estables, llevadas a cabo por gente honesta a carta cabal, solidaria y sensible que, con los pies en la tierra, materialice sus justas aspiraciones a una vida digna para todos. ¿Será posible? Yo creo que sí. Lo primero que habría que hacer es organizarse, de abajo hacia arriba, a partir de las asambleas barriales y vecinales, eligiendo democráticamente a representantes auténticos, públicamente reconocidos como decentes, honestos y eficientes, extrapartidarios o partidarios, que les merezcan absoluta confianza, fijando objetivos claros y factibles y aportando soluciones. Eso significaría tener suficiente madurez como para no contentarse solamente con andar golpeando cacerolas. Partiendo de allí irían apareciendo organizaciones con mayor autoridad y peso (asociaciones, centros, federaciones) para abocarse específicamente a cada uno de los problemas y llegar a un consenso, para, luego, pedir a los poderes públicos establecidos y, si fuere necesario, imponer cambios y soluciones. En este ejercicio solidario irían apareciendo personas que, valoradas por su accionar y no por su verba, merezcan el apoyo de la población, controlando siempre para evitar su descarrío, dadas las innumerables tentadoras ofertas que acechan siempre a quienes detentan el poder. De pozos más profundos han emergido en la historia varias naciones actualmente prósperas. Nosotros no vamos a descubrir la pólvora; sólo es cuestión de mirar alrededor, leer, enterarse, consultar e imitar lo que valga la pena.
El siguiente y decisivo paso a seguir sería el de organizarse como partido y hacerlo conocer, popularizarlo para tratar de acceder al poder por el voto mayoritario de un pueblo adicto y convencido, poseído de una mística de progreso institucional. ¿Será posible? Vale la pena intentarlo. Podría llamarse Renovación o Cambio o Nueva República o Nacional o Popular, o como se les ocurriera, y sólo exigiría a sus afiliados asumir responsabilidades y una conducta cívica, acordes con los postulados de una estricta democracia, que sería la forma política a seguir. Lo económico sería discutible y aprobado por consenso, sin olvidar los logros obtenidos por las actuales monarquías constitucionales parlamentarias (Inglaterra, Holanda, Bélgica, Suecia, Noruega, Dinamarca), que adicionaron y asimilaron al socialismo sin temerle a su origen, aplicando y practicando eficazmente sus beneficios: cooperativismo, mutualismo, seguro social, seguro de desempleo, etcétera, sin demagogia ni cholulismo farandulesco ni acomodo político o familiar o amistoso, ni coimas ni estafas ni enriquecimiento ilícito, vale decir: sin todas estas lacras que padecemos los argentinos y que estamos en la obligación vital de desterrar. Sólo así podremos volver a ser una nación independiente, libre y soberana.
Alberto Niel LE: 2.380.842