Mónica Ritacca[email protected]
¿Por qué para ingresar a un lugar privado hay que pedir permiso?, preguntó El Litoral a un grupo de adolescentes que se encontraba en la esquina de San Martín y Juan de Garay. "Porque tiene dueño", dijeron algunos. "Por una cuestión de respeto", señalaron otros. "Porque es una costumbre", acotó la minoría. El frente de una casa ¿es público o privado?, repreguntó El Litoral al mismo grupo. Y nadie dudó la respuesta: "Es algo privado porque, por más que dé al exterior, forma parte de la casa". Y si forma parte de una casa y por ende tiene dueño ¿por qué se los arruina con aerosol sin el consentimiento de éste? siguió el interrogatorio. "Porque el que lo hace sabe que está mal y que no conseguiría permiso para, por ejemplo, dejarle un mensaje a la chica que vive en la zona".
Evidentemente, por más que muchos entiendan al grafiti como un arte callejero, elegir una pared para estampar sin permiso una declaración de amor, una cargada al equipo de fútbol contrario, un halago al cuadro que se lleva en el corazón o una frase política o de humor es una inconducta ciudadana. Es que nadie elige su propia pared para escribirla con aerosol sino que se opta por otras ajenas.
Quienes viven en las esquinas saben que sus frentes son los más propensos a ser pintados con alguna inscripción, aunque los otros no están exentos, porque son más anchos y la ubicación es más estratégica si se apunta a captar más lectores. Entre las paredes, también parece haber preferencias. Es que entre una limpia, es decir sin ninguna inscripción, y otra que ya fue escrita se opta por la que está en mejores condiciones, sin ni siquiera importar que esté recién pintada o que sea de mármol, por ejemplo.
"Vivo hace más de 30 años acá. Y de lo único que estoy harta, porque me encanta el barrio, es de que me pinten la esquina", contó Marta, una vecina de barrio Sur. Y recordó: "El grafiti que más recuerdo, porque era muy ocurrente, decía: Estudiar es desconfiar de la inteligencia del compañero de al lado".
Roberto también vive en una esquina y se reconoce cansado de las pintadas en su domicilio. "Hace mucho tiempo me pasó una cosa increíble: mi pared se había convertido en un ida y vuelta de respuestas. Todo empezó cuando un tal Ramiro le declaró su amor a una alumna de un colegio privado, escribiendo el nombre y apellido de la chica. Pero aparentemente ella tenía novio, y éste, enojado por la declaración, le contestó. Habrán sido como cuatro días así... de respuestas que iban y venían. Hasta que una noche me quedé despierto y esperé", narró el hombre que habita en las inmediaciones de la Plaza Constituyentes. Consultado sobre el final de la historia dijo: "Apenas apretó el aerosol abrí la ventana y le pegué un grito tan fuerte que nunca más apareció. De todas maneras, mi pared sigue siendo blanco de inscripciones y cada tres meses tengo que andar pintándola porque no me gusta verla sucia".
Para las personas consultadas por El Litoral, escoger una pared y escribir sobre ella cualquier cosa, sin ninguna autorización, "es una inconducta ciudadana". Y muestra de ello, indican, es que "lo hacen a los apurones porque saben que está mal".
La investigadora de la Universidad de Buenos Aires y docente de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Claudia Kosak, define al grafiti como "una práctica artística callejera que se apropia del espacio público sin pedir permiso y que ha evolucionado, desde sus comienzos al presente, en múltiples variantes según los temas que marcan a la sociedad sin perder de vista que su esencia es marcar la ciudad con un nombre propio y dejar impresa una identidad". También considera que "las inscripciones en las paredes exhiben la tensión que hay en la sociedad en momentos en que pareciera que no pasa nada" y que a los grafitis "se los puede considerar como una práctica que no es permitida, por lo que tiene algo ligado a la transgresión de las normas o como una práctica que marca un territorio propio y uno ajeno como desafío".
Cabe aclarar que en estas líneas no se pretendió poner en tela de juicio la condición artística que puede tener un grafiti pero sí cuestionar el hecho de que se tomen paredes ajenas para escribir frases sin la autorización de quienes habitan en esas casas.
"Hola, me presento. Soy escritor de grafitis de la ciudad de Santa Fe y realizo este arte hace algunos años, con algunos cortes. (...) El grafiti es una marca característica de las grandes urbes alrededor de todo el mundo. Creo que primero, se debería diferenciar lo que es grafiti de lo que es pintada.
Para mí, el grafiti es mi forma de vida, una forma de expresión que rompe cualquier barrera cultural, que juega con la imagen y la palabra. (...) Los grafiteros somos un grupo de jóvenes que llevamos esto como un estilo de vida y que no obtenemos nada a cambio. Hacemos todo simplemente por la necesidad de expresar lo que para nosotros es nuestro arte.
El grafiti nace motivado por una necesidad artística individual que luego interactúa con la ciudadanía en su tránsito diario. Muchas veces no obtenemos más que problemas ya que gastamos plata, nos persiguen, nos borran las piezas, pero mas allá de eso seguimos y seguiremos adelante haciendo lo nuestro para obtener ese sentimiento que no tiene precio y es tan buscado por todas las personas: la felicidad. Para nosotros esto no es una moda y repudiamos a todo aquel que realice esta actividad para obtener fama.
Además del grafiti, existen otras tendencias como el sténcil o el sticker que proponen realizar el trabajo artístico en casa, haciendo el trabajo en la calle mas rápido y así reduciendo el tiempo que el artista está expuesto a ser detectado.
Quería aprovechar para decir también que se nos hace imposible obtener permisos para pintar paredes municipales debido a que solamente las otorgan si formás parte de una escuela de arte o de alguna entidad. (...) Creemos que no necesariamente para ser artista se necesita una formación ya que el arte es una forma de expresión que sale del interior de cada uno.
En definitiva, necesitamos espacios para poder expresarnos libremente y sin ninguna preocupación".
(*) Extracto de la publicación de un grafitero en O Sea, cuando dicho espacio joven de El Litoral.com realizó un informe espacial sobre el grafiti como arte.