Opinión: OPIN-04
Tribuna política
Calidad institucional y disciplina partidaria

Mario A. Pilo (*)

Dentro del escenario dramático que ha venido planteando el llamado "conflicto del campo", el elogiado "voto-desempate" del vicepresidente Cobos abre la posibilidad de una serie de reflexiones sobre lo que significa, para una democracia republicana, la "disciplina partidaria" . No es tema menor cuando la democracia se construye sobre un sistema de partidos políticos, de cuya correcta organización depende la salud de tal sistema, frente al rol de "representante popular" que asume un legislador, ciertamente, también, dentro de una plataforma prometida, para cuyo cumplimiento es electo, y no para "divismos individualistas".

Por cierto, Cobos es un dirigente autoexiliado del radicalismo, que no integró el Partido Justicialista, sino que, objetivamente, se integró al Movimiento Justicialista, cuya organicidad no consiste en una ideología ni en valores absolutos, sino en una metodología pragmática e intereses concretos, que lo constituyen en una extraordinaria "maquinaria" político-electoral, que fagocita a todo otro sector, grupo u hombre que se integre a tal maquinaria.

Por ello es tan interesante el voto independiente de un Cobos que integró la "fórmula" gubernamental única, y no como alianza de partidos. Ciertamente, quien cumple un deber político y ético no es un "héroe". Simplemente, hizo su opción ética, y ella fue recibida por las gentes como correcta.

Disciplina ("observancia de las leyes u ordenanzas", "doctrina a aplicar", "instrucciones a una persona, especialmente en lo moral", Dicc. Real Academia Española) partidaria es un fiel seguimiento de las decisiones partidarias. Para algunos ideólogos "ultras", se transforma en "fundamentalismo", como ocurre en el "clan Kirchner" ; para otros Älos muchos "vivos criollos"Ä, es sólo "levantar manos y a cobrar"; y para unos pocos, es respeto al compromiso.

Es muy claro Ädesde lo semántico, tan olvidado, y por ello "la confusión babélica de las lenguas", es decir, de los "mensajes" en la "posmodernidad", surgiendo del Dicc. de la Real AcademiaÄ que lo que se debe respetar disciplinariamente, sin traicionar, son la doctrina, las leyes o sus plataformas, lo moral; no los caprichos, los ideologismos individuales, ni los "humores" del "Jefe" de turno partidario. No puede haber "obediencia debida".

Precisamente en eso consiste la verdadera "disciplina partidaria": el respeto a la ideología conceptual básica e histórica del partido y a la plataforma propositiva aprobada, a través del voto, por la ciudadanía.

No se trata de "afectividades"; no se trata de entregar la conciencia, ni de levantar mano; no se trata de "fundamentalismos".

Se trata, ni más ni menos, que de la ética política. Es decir, del racional discernimiento del "camino correcto", si no altera ni la idea fundacional, ni la plataforma conceptual del partido.

No aceptar la disciplina que informe toda Äentiéndase, todaÄ actividad intelectual o deportiva, académica o no, y sin duda también la actividad política, siempre ha sido para el peronismo "traición" y para el radicalismo, "defección" que, según el diccionario, es "separarse con deslealtad de la causa o parcialidad a que se pertenecía". Frente a Cobos no había ninguna "causa" Äen verdad, sólo un "régimen", el kirchneristaÄ, y menos aún una "parcialidad", ya que el vicepresidente ni siquiera es peronista.

Vuelven, entonces, a revalidar su eterna vigencia las lecciones del gran sociólogo Max Weber. Él decía que los hombres nos enfrentamos continuamente, en nuestro interior, a la lucha que se suscita entre la "ética de convicciones" y la "ética de responsabilidades" que, reconoce Weber, es propia Äy, en ocasiones, necesariaÄ de la política. También expresa que muy pocos hombres trascienden o logran solucionar esta lucha sin caer en "traiciones políticas" encubiertas de demagogia, facilismo o hipocresía. Estos hombres no son llamados "políticos de turno", sino estadistas.

(*) Abogado, sociólogo, vicepresidente de la Asociación Civil Anticorrupción, ex concejal por la UCR.