Erdosain
ÄBarletta dice que está sorprendido por la respuesta favorable de los vecinos de Santa Fe -comenta Abel sin disimular su satisfacción.
ÄHace bien en sorprenderse, porque las tasas son altísimas y la gente está cansada de que le metan la mano en el bolsillo por nada -dice José.
ÄDurante veinticinco años, los peronistas le metieron la mano en el bolsillo -retruca Abel- y los resultados han sido miserables.
ÄLas exageraciones nunca son buenas -comenta Marcial-, ni siquiera en la literatura.
ÄAdemás, no podemos pasarnos toda la vida hablando de lo malos que han sido los gobiernos peronistas -digo-, ahora el que tiene que demostrar que es bueno es Barletta.
ÄY lo está demostrando -asegura Abel que acaba de pedirle a Quito que le sirva un cortado en jarrita con poca leche.
ÄLa ciudad está más limpia, los controles de tránsito se realizan todos los días y en los barrios se han hecho obras que, sin exagerar, te podría decir que si mañana llueve ya no vamos a tener el flagelo de las inundaciones.
ÄMenos mal que dijiste "sin exagerar" -comenta José.
ÄAdmitamos que algo se está haciendo -digo-, pero convengamos que la gente le acaba de dar un crédito importante a las nuevas autoridades municipales.
ÄNo hay que confundir crédito con cheque en blanco -sentencia Marcial.
ÄTampoco con luz verde para designar amigos, amigotes y parientes -agrega José.
ÄEso no ocurre ni va a ocurrir por la sencilla razón de que nosotros no somos peronistas -responde Abel.
ÄYa sé que no son peronistas -contesta José-, ustedes son democráticos, tan democráticos que cuando ven un peronista se les ponen los pelos de punta.
ÄA mí, los peronistas hace rato que no me molestan -reconoce Marcial.
ÄPor el contrario, yo pienso que los problemas de la Argentina empezaron con el peronismo y que ellos son los responsables de nuestra decadencia -señala Abel.
ÄLo que se dice un gorila del '55 -observa José.
ÄA propósito -dice Marcial-, el otro día una amiga escritora, una de las grandes poetas de la Argentina, me comentaba que su hija cuando era niña le había dicho que cuando fuera grande quería ser peronista.
ÄDebe ser porque escuchó que en la Argentina peronista los niños son los únicos privilegiados -comenta José con una sonrisa.
ÄYo también pensé lo mismo, pero parece que no es así -enfatiza Marcial.
Ä¿Y cómo es entonces? -pregunto.
Marcial me mira y responde: ÄMi amiga, que nunca fue peronista, pero no es tan gorila como Abel, le preguntó a la nena con el tono más cariñoso por qué quiere ser peronista cuando sea grande.
Ä¿Y por qué quiere ser peronista? -insiste Abel con cierta ansiedad.
Marcial se acomoda en la silla, hace un breve silencio como para aumentar la expectativa y después contesta: ÄLa nena miró a la madre con mucha seriedad, con esa seriedad que domina a los chicos cuando están seguros de que van a decir algo importante. Después, con un tono que mi amiga consideró hasta didáctico, le dijo: quiero se peronista para joder en la calle y tocar el bombo.
Todos nos reímos, menos Abel, quien sólo atina a decir: "No comparto".