Anoche, con el concierto de Santa Fe Jazz Ensamble junto a Irvin L. Wagner y Andy Hunter finalizó la novena edición de Trombonanza, el seminario internacional para trombonistas y tubistas organizado por Rubén Carughi, ejecutante de ese instrumento en la Sinfónica Provincial y en las principales agrupaciones de jazz y música latina de la ciudad. Con la colaboración de Enrique Schneebeli (trombón bajo en la Orquesta Estable del Teatro Colón), año a año reúnen a un "dream team" de profesores, ofreciendo una oportunidad formativa imposible de conseguir en muchos países del primer mundo. Ken Hanlon (el último ex presidente de la International Trombone Association, que vino para esta edición) afirmó que los seminarios más importantes del mundo son el de Santa Fe y el de Las Vegas... aunque el de allá cuesta muchísimo más.
Para las luminarias nacionales y extranjeras, es una ocasión para juntarse (sus agendas son muy nutridas), disfrutar de un asado bien regado (o la comida casera de la mamá de Carughi), compartir unas copas hasta la madrugada y vivir un clima de camaradería alejado de managers, productores y concursos de oposición. Es por eso que aceptan venir gratis: rentar sus servicios sería imposible.
Para los estudiantes, es la oportunidad de tocar codo a codo y compartir la mesa con los maestros que conocieron por libros, discos y videos; ver nueve conciertos de la especialidad en una semana, y foguearse en distintas formaciones y géneros, por una cifra equivalente al valor del lubricante que la empresa Conn-Selmer regaló a cada uno.
A la Escuela de Música 9.901 le quedarán tres trombones y un eufonio, donado por las marcas Yamaha, Conn-Selmer y Weril, junto con arreglos nuevos para su biblioteca. Y para Santa Fe, fue la oportunidad de recibir visitantes de diversas partes del mundo, que se llevarán un recuerdo de la ciudad y la calidez de sus habitantes.