Los países occidentales parecen resignarse a la caída del presidente Pervez Musharraf, pero se interrogan sobre la capacidad de Pakistán de proseguir la ""guerra contra el terrorismo" lanzada por el mandatario, afirmaron analistas.
Varios expertos creen que Estados Unidos y otros países podrían orientar sus miradas al ejército como garante de la estabilidad, ante la ausencia de figuras fuertes capaces de ocupar el lugar de Musharraf, si éste renuncia o es destituido en los próximos días.
Y añaden que la batalla por la sucesión del hombre que, durante nueve años gobernó este país del sur de Asia, dotado del arma nuclear, podría generar tensiones políticas que debilitarían la lucha contra la red islamista Al Qaeda y sus aliados de las milicias talibanes.
""Por supuesto que la inestabilidad les preocupa a los paquistaníes, pero tampoco les interesa a los aliados occidentales de Pakistán", dijo la analista paquistaní Farzana Shaij, del instituto Chatham House, con sede en Londres.
Musharraf retiró su apoyo a los talibanes que gobernaban el vecino Afganistán tras los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Estados Unidos, y el presidente estadounidense, George W. Bush, se refirió a él alguna vez como a ""nuestro hombre" en la región.
En los años siguientes, Musharraf envió a miles de soldados a combatir en las zonas tribales fronterizas contra los milicianos de Al Qaeda y de los talibanes (derrocados del poder en Afganistán por una coalición liderada por Estados Unidos). El mandatario paquistaní escapó a dos tentativas de asesinato orquestadas por la red de Osama Ben Laden.
Mientras Musharraf fue el hombre fuerte de Pakistán, sus adversarios acusaban a Estados Unidos de haber puesto todas sus fichas en un solo hombre.
Pero el poder de Musharraf sufre una rápida erosión, que se inició el año pasado cuando renunció a su cargo de jefe de las Fuerzas Armadas y prosiguió con la derrota electoral de sus partidarios en las elecciones legislativas de febrero.
La coalición de gobierno resultante de los comicios, liderada por adversarios de Musharraf entre los que se incluye el partido de la asesinada ex primera ministra Benazir Bhutto, emplazó al mandatario a renunciar este mismo fin de semana, so pena de iniciarle un proceso de destitución.
""Los occidentales están incómodos con la situación, pues para ellos ninguno de los posibles remplazantes de Musharraf representa la continuidad", afirmó el analista de cuestiones de defensa Ayesha Siddiqua.
""Se dan cuenta de que la presidencia fue estable solamente cuando los militares estuvieron en el poder o cuando estuvo en manos de un gobierno fuerte, como el que Paquistán tuvo en los años '70 con Zulfikar Alí Bhutto," el padre de Benazir, sostiene Siddiqua.