Opinión: OPIN-02
Tribuna política
Una política fiscal que cuidó el bolsillo de la gente

Silvina Frana (*)

Luego de las elecciones provinciales de 2007, tras la derrota del justicialismo, se llevó adelante una transición coordinada y conjunta en todas las áreas de la gestión. Cabe señalar que durante dicho período, el ministro de Hacienda saliente, Walter Agosto, y el ministro entrante, Ángel Sciara, trabajaron mancomunadamente en la elaboración del presupuesto para el año 2008, siendo un dato no menor, su aprobación por unanimidad en ambas Cámaras Legislativas el 27 de diciembre de 2007, y la decisión del gobierno entrante de no vetarlo y disponer su promulgación. No obstante ello, ahora el gobierno provincial quiere modificar ese presupuesto, aumentando los impuestos para mejorar la recaudación.

En contrapartida, el manejo austero de los recursos públicos del gobierno anterior, que había heredado una buena administración de las cuentas públicas, permitió instrumentar una serie de políticas productivas para el desarrollo que apuntaron a la pequeña y mediana empresa como sujeto principal de la actividad económica de nuestra provincia.

El esfuerzo comprometido permitió dar continuidad y mejorar la forma de hacer política económica profundizando los criterios respecto del manejo de las cuentas públicas y las políticas activas de incentivo. La historia demuestra que las viejas políticas de reinstalar impuestos, incrementarlos o aumentar tarifas para cubrir déficit, no son la mejor manera de cuidarle el bolsillo a la gente. Los impuestos suben pero nunca bajan. Los servicios tampoco mejoran. Y en poco tiempo, serán necesarios nuevos y más recursos. Si no, veamos el ejemplo de la EPE que ya aumentó la tarifa durante esta gestión, sin mejorar el servicio y hoy anuncia nuevos aumentos.

Desde el inicio de su gestión, el gobierno anterior fijó como principal política productiva el aliento a la inversión y a la recuperación y fortalecimiento del tejido empresarial de la provincia, el cual se encontraba aún golpeado por la reciente crisis nacional. El objetivo de la misma era finalmente social, ya que se consideraba la mejor forma de disminuir los niveles de desempleo y pobreza a nivel provincial, fiel reflejo de la situación nacional.

En materia fiscal

En este sentido, se propuso un modelo que consolidó la solvencia fiscal en el mediano y largo plazo, evitando recaer en situaciones comunes del pasado, manteniendo un equilibrio presupuestario persistente, con recursos crecientes y un manejo austero del gasto, y con un nivel de endeudamiento que se ha ido reduciendo, ubicando a Santa Fe entre las provincias menos endeudadas del país.

Este esfuerzo, unido a un marco institucional con bases más sólidas, generó un ambiente propicio para el desarrollo de los negocios, convirtiendo a Santa Fe en un polo para la atracción de inversiones privadas. El volumen de inversión anunciado por el sector privado en el período 2004-2007 ascendió a cerca de U$S 4.500 millones, lo que representa cerca del 65 % de las inversiones anunciadas para la Región Centro.

Por otro lado, a pesar de la contracción del endeudamiento, la obra pública no se resintió, sino que se diseñó un ambicioso programa de infraestructura cuyo principal objetivo fue recrear las condiciones de competitividad a lo largo y a lo ancho del territorio provincial. Es así como en el cuatrienio 2004-2007 se realizó una inversión efectiva de $ 2.300 millones en obra pública, ejecutándose un presupuesto de infraestructura veintidós veces superior al de 2002. El financiamiento de los trabajos públicos se logró sin apelar a nuevos endeudamientos, ya que por la situación reciente de incumplimiento a nivel nacional, podrían haberse impuesto pesadas cargas a los gobiernos futuros.

Para complementar esta situación, pensando también en el largo plazo, se creó un Fondo Anticíclico de aproximadamente $ 300 millones, que demostró su utilidad ante las inundaciones de abril de 2007.

No aumentar los impuestos fue una medida no sólo tendiente a beneficiar al sector productivo, sino que a través de su efecto sobre los indicadores sociales, redundó en un beneficio para todos los santafesinos, como lo indican los datos estadísticos relativos a producción, empleo, desocupación, pobreza, exportaciones, inversiones en infraestructura. El dotar a la política económica de estabilidad tributaria permitió que Santa Fe registrase un boom de inversiones como pocas veces se había visto.

De esta forma, la política de no incrementar los tributos no era aislada, sino que era el eje fundamental de un conjunto de políticas activas pro inversión destinadas a fortalecer el nivel de actividad de la provincia, al tiempo que buscaba no ahogar el proceso de recuperación de los ingresos de la población. Por otro lado, los costos que esta medida pudiera acarrear fueron cubiertos con una política fiscal austera y una mayor eficiencia recaudatoria.

Asimismo, carecería de sentido, incluso hoy, el hecho de incrementar impuestos con niveles récord de recaudación, en particular sobre un sector como el rural, que se vio negativamente afectado por retenciones, sequías e inundaciones.

Seguramente, quedaron muchas cosas por hacer, pero no fue poco lo que se hizo sin tocarle el bolsillo a los ciudadanos de esta provincia.

(*) Diputada provincial del Frente para la Victoria.