Opinión: OPIN-05
Tribuna política
Mujeres y desarme, un desafío a asumir

El gobierno nacional impulsa el desarme de la población civil con un programa de entrega voluntaria de armas de fuego. Foto: DyN


Adriana Molina (*)

En América Latina muchas ciudades son escenario de diversas manifestaciones de temor, exclusión e inequidad, que obstaculizan la práctica de una ciudadanía activa, condición esencial de una convivencia democrática. En este contexto, mujeres de diferentes condiciones sociales, económicas, razas, etnias y religiones demandan nuevas y más efectivas políticas públicas y acciones para disminuir el impacto de la violencia en sus vidas.

Sabemos que la ciudad de Santa Fe tiene una realidad específica en cuanto a niveles de violencia que la diferencia de la región, del país y, sin dudas, evidencia la necesidad de acciones locales.

Frente a esta situación, el gobierno de la ciudad ha decidido, claramente, involucrarse e implementar medidas de seguridad ciudadana.

Una acción concreta es la adhesión activa al Plan Nacional de Entrega Voluntaria de Armas, desarrollando una campaña propia de difusión con la finalidad de concientizar a la ciudadanía santafesina acerca de la importancia que implica para la seguridad de todos y todas el no portar ni poseer armas de fuego.

Es fundamental que estas estrategias se dirijan especialmente a los grupos más vulnerables, entre los que se encuentran las mujeres, las y los adolescentes y jóvenes y, las y los adultos mayores.

Es en este marco que considero esencial el involucramiento de las mujeres en la Campaña de Desarme: "Por una Santa Fe menos violenta".

Las razones, entre otras, son las siguientes: la violencia doméstica o terrorismo doméstico es la forma más común de violencia en la vida de las mujeres en todo el mundo. Cuando la violencia íntima involucra el uso de un arma, el riesgo de vida para la mujer aumenta doce veces en comparación con otros medios de violencia porque las armas producen lesiones más severas y ponen en riesgo la vida y porque reduce las posibilidades de que la víctima escape o de que intercedan otras personas para ayudarla.

En la mayoría de los femicidios el medio empleado para asesinar a la mujer son las armas de fuego. El riesgo y las posibilidades de muerte para una mujer se incrementan notoriamente si hay en su casa un arma de fuego.

Señalamos que las mujeres somos consideradas víctimas directas ya que los asesinatos en el ámbito familiar son la única categoría de crimen en la que el número de víctimas femeninas supera a la cantidad de víctimas masculinas.

Además, en los casos de violencia social, en particular la definida como delictual, se perturba la vida de las mujeres que ven seriamente afectada su salud psicológica y emocional y/o se convierten en las principales proveedoras de sustento en sus hogares, por la muerte o las secuelas físicas graves de un hijo, hija, nieta, nieto, hermana , hermano o pareja.

Sea cual fuere el contexto o la causa inmediata de la violencia, la presencia de armas de fuego en manos de la población civil tiene, invariablemente, el mismo efecto: cuanto mayor sea el número de armas, mayor es el peligro para las mujeres.

Esto nos hace concluir que la relación entre mujeres y armas de fuego es compleja. Por una parte podemos ser víctimas directas o indirectas, pero también podemos desempeñar otro rol fundamental como ser activistas a favor del cambio, de la paz y de la resolución no violenta de los conflictos en nuestras comunidades. Este es nuestro compromiso con las vecinas y vecinos de la ciudad de Santa Fe.

(*) Concejala. Bloque radical en el Frente Progresista Cívico y Social.