Región: REG-18
La lechería necesita señales claras
Por Eloy Rodríguez

El gobierno nacional insiste con la ambivalencia de precios internacionales y de consumo interno y, con su única verdad de controlar, mediante una intervención que no tiene límites, el desacople que lo externo puede producir sobre lo doméstico, según su pensamiento, ha distorsionado el mercado lácteo argentino.

Con respecto a la producción de leche genera un deterioro, representado por una disminución de la oferta que genera el efecto que se busca combatir como es la elevación del precio en el futuro, ya que la demanda se mantiene firme.

Además, la producción primaria ha entrado en una crisis superlativa ocasionada por el desequilibro entre los rígidos ingresos y el aumento constante de los costos de producción, algunos de ellos con valor dólar, que se arriman peligrosamente al precio recibido.

Esta política de control exacerbado no tuvo los resultados esperados en el valor de los productos lácteos en las góndolas, sector minorista que se beneficia, por efecto "cascada", con la liberación de los valores de venta.

Asimismo, al eslabón transformador de la cadena láctea, como es la industria, se le garantiza el costo del insumo principal de elaboración (más del 70% del costo de las usinas lácteas esta representado por la leche) y al mismo tiempo se le controlan los precios de venta achicándose los márgenes por el aumento del gasto sobre los otros insumos.

El camino a seguir para comenzar a normalizar las desviaciones producidas tendría dos direcciones: una, sería permitir la libertad de mercado como argumento principal para solucionar la problemática de entre casa y la otra, primordialmente, pasaría por incentivar la producción. La segunda sería una lógica consecuencia de haber conseguido la primera y con ambas orientaciones afirmadas, se puede pensar en una óptima cadena competitiva, avalada por la tecnología de alta eficacia aplicada en la producción y la excelente calidad de la elaboración industrial.

El consumo interno argentino es de, aproximadamente, 7.500 millones de litros anuales con una capacidad instalada para exportar el 30%, lo que significa que los precios domésticos no tendrían que tener problemas, pudiéndose subsidiar la existencia de una canasta básica de lácteos.

Hoy, el tambero, por el valor de la tierra, está obligado a una elaboración más intensiva, con una carga superior y vacas de producción más caras.

Con precios similares a los que anuncia la neocelandesa Fonterra, Argentina, en el término de una década, puede aspirar a producir 15.000 millones de litros anuales. Una mayor producción apunta a un precio más justo por litro de leche.