Opinión: OPIN-01 La lucha contra el narcotráfico

La lucha contra la droga, o contra el narcotráfico, para mayor precisión, trasciende la crónica policial para adquirir una dimensión política de primer nivel. Los ajustes de cuentas ocurridos en nuestro país en las últimas semanas han alertado a funcionarios y políticos sobre un problema que en algún momento se lo subestimó, o se lo consideró como una preocupación exclusiva de Estados Unidos y, en más de un caso, como una excusa de este país para intervenir en los asuntos internos de las naciones periféricas.

Atendiendo a lo que sucede en México o en Colombia, y a las repercusiones que el narcotráfico tiene sobre las instituciones políticas de una Nación, es hora de que el Estado nacional se preocupe en serio por este flagelo y deje de considerarlo simplemente una cuestión policial. Es verdad que la lucha contra el narcotráfico, y en algunos casos el narcoterrorismo, es una de las estrategias centrales de Norteamérica.

Que lo sea, no quiere decir que el objetivo sea el correcto. Una reflexión para pensar este conflicto desde una perspectiva nacional es que precisamente por tratarse de un problema de extensión continental que afecta a la salud y vida de millones de personas, la Argentina no debe estar ausente, o no debe permitir que solamente Estados Unidos sea la nación interesada en llevar adelante esta lucha.

El tema es complejo por las sumas multimillonarias comprometidas, por la extensión de la red del narcotráfico y por el poder económico y político que estas bandas han desarrollado. Las dificultades para librar esta lucha se agravan, porque existe una masa de consumidores de drogas cada vez más amplia, cuya pulsión hacia el consumo obedece a razones diversas y que obligan a definir estrategias diversificadas para obtener resultados más o menos cuantificables.

En un reciente debate académico se sostuvo que el problema de la droga ponía en discusión algunos paradigmas centrales de la cultura occidental, de sus fundamentos culturales, al decir del sociólogo Daniel Bell. ¿Cómo combatir una actividad cuya oferta es reclamada por millones de personas? ¿Por qué cientos de miles de personas optan por evadirse hacia los paraísos artificiales de la droga? Estas son algunas de las preguntas a responder, cuyas respuestas comprometen valores morales y religiosos de indudable trascendencia.

Hoy existe un consenso básico que considera que la lucha contra la droga debe librarse en varios frentes: el cultural, el político, el legal y el militar.

Los Estados nacionales están entendiendo la gravedad del problema, pero está claro que las batallas a emprender por el momento en la Argentina aún no se han definido con claridad. En la actualidad se discute, por ejemplo, si se debe o no legalizar el consumo; si hacia los consumidores hay que aplicar medidas policiales o terapéuticas. No hay una respuesta unánime al respecto, pero en principio ya está instalada la noción de que el narcotráfico es una amenaza real contra la sociedad y que en este tema el Estado no puede ni debe mantenerse neutral.